Somos más de siete mil millones de personas las que ahora, en este momento, estamos hablando. Hablamos con otros, pero también con nosotros mismos. Una palabra sucede a la otra. A veces ocurre sin mediaciones. Ideas que emergen al mundo sin que seamos conscientes de su poder transformador. Cuando Nelson Mandela pronunció su famosa frase, “la educación es el arma más potente que puedes usar para cambiar el mundo”, quizá no era del todo sabedor de la trascendencia histórica que esa enunciación podría llegar a tener. Tanto para él como para el imaginario colectivo. Ocurre lo mismo en discursos, pequeños ambientes o incluso en la intimidad que generamos con nosotros mismos. Si el pensamiento está lleno de palabras y somos nosotros los responsables de este caudal que crece insaciable, ¿por qué no educarlo de tal manera que las consecuencias de nuestras palabras nos reporten la mayor felicidad posible? 

Así, habitando el lenguaje, siendo conscientes de qué y cómo lo decimos, nos convertimos en lo que el filósofo Luis Castellanos denomina "artesanos de nuestra propia vida" en su último libro 'El lenguaje de la felicidad. Cambia tu relato, transforma tu vida'. De hecho, en una conversación normal, de una media de 15 minutos, somos capaces de transmitir centenares de palabras. Con ellas viajan también nuestras aspiraciones, objetivos e incluso todos aquellos miedos o frustraciones que, inevitablemente, forman parte de nuestra historia personal.

Tenemos más presencia de la que creemos. Un solo gesto, una actitud positiva, una energía desorbitada, es capaz de decir mucho más de lo que a veces las palabras quisieran. “En los ojos de la gente puede verse lo que verán, no lo que han visto", escribió el italiano Alessandro Barico en su libro 'Novecento. La leyenda del pianista en el océano". Pero tras una actitud, se esconde siempre la base que nos permite decir esto o aquello y, ese es el lenguaje. Años y años de estudio necesario sobre la lengua castellana, pero, ¿qué sabemos realmente del lenguaje? ¿Cómo construimos las palabras? ¿Están llenas de negatividad? O, por el contrario, ¿enunciamos palabras repletas de empatía, compasión y sinceridad?

"Hay palabras y gestos que intervienen en la alegría y la felicidad. Lo importante es alcanzar esas ventajas del lenguaje positivo y palabras habitadas que interactúan con la existencia para tener una buena historia de vida", explica Luis Castellanos a través de su libro. En él, invita al lector a explorar y desarrollar su propio lenguaje de la felicidad, esas palabras que podemos aprender a utilizar para tener una vida feliz. Sin que suene a utopía, el autor hace también alusión al contexto social que marca nuestros días y se pregunta sobre cuáles son nuestros actuales modelos de felicidad.

¿Están realmente encaminados a promover una felicidad duradera o son el resultado de los espejismos del éxito y el consumismo incontrolado? "Sustituimos la felicidad por la satisfacción fugaz. Ya no se disfruta de las experiencias, sino que se consumen". Lo queremos todo rápido, directo, sin mediaciones. Un “aquí y ahora” marcado por una sociedad moderna basada en el "individualismo y en una forma de vida cambiante y efímera”, explicaba el filósofo Zygmunt Bauman en su texto 'Modernidad líquida'.

"Un buen consejo es que simplificar las cosas puede conducirnos a aprender qué es lo verdaderamente importante en la vida. No dar importancia a las cosas que no la tienen es un aprendizaje fundamental", explica el filósofo Luis Castellanos.

El libro de Castellanos se divide en cinco capítulos que responden a un plan para cambiar nuestro lenguaje en tres pasos: tomar el control de nuestra atención, tomar el control de nuestro tiempo y tomar el control de nuestras narraciones. "Nuestra actitud ante el lenguaje es también una decisión maestra", confirma Castellanos.

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Selecciona las palabras adecuadas
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Selecciona las palabras adecuadas

Decide qué palabras deseas habitar realmente y detecta qué te ha impedido hacerlo hasta ese momento.

Asocia las palabras con sentimientos positivos
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Asocia las palabras con sentimientos positivos

Asocia la palabra que estás habitando con la alegría, la felicidad, la compasión y con una vida con sentido.

Interioriza cada día una palabra
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Interioriza cada día una palabra

Habita cada día una palabra hasta que sea fuerte en tu interior, consistente.

Pon atención a las palabras que te limitan
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Pon atención a las palabras que te limitan

Observa las palabras limitadoras e interrumpe su acceso a tu realidad.

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Construye palabras y gestos amables

Observa y crea alternativas. Sé valiente e inventa nuevas palabras, gestos, sonidos capacitadores de alegría, compasión, amabilidad, bondad y felicidad.

Date tiempo para reflexionar
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Date tiempo para reflexionar

Dedica tiempo para pensar, reflexionar y disciplinar el pensamiento.

Crea rituales
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Crea rituales

Crea rituales cotidianos que te ayuden a practicar los hábitos lingüísticos saludables (conversaciones enriquecedoras, meditación, caligrafía, lectura).

Conecta con tus emociones internas
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Conecta con tus emociones internas

Ten palabras, frases, afirmaciones positivas, mantras como beriozka, que te conecten con tu presencia y te ayuden a encontrar armonía en las turbulencias internas.

Cultiva el sentido del humor
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Cultiva el sentido del humor

El optimismo y el sentido del humor se aprenden y se cultivan. Decide entrenarlos como parte importante de la inteligencia emocional.

Vive el día a día en armonía
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Vive el día a día en armonía

Piensa, ama y vive. Las emociones, la razón y la reflexión son la armonía de las decisiones. La armonía nos permite entender y comprender los acontecimientos, nuestras percepciones, nuestras emociones y sentimientos para tomar mejores decisiones.