Sin duda, la primavera y el verano son las mejores épocas para ir a caminar por la montaña, las temperaturas son más suaves y las posibilidades de inclemencias climáticas menores. Aun así, la montaña es impredecible por lo que en cualquier caso será necesario ir bien equipados por si hay un cambio brusco de temperatura o se desencadena una tormenta. Llevar un cortavientos, un chubasquero o una capelina, una camiseta transpirable y, por si descienden las temperaturas, un forro polar o una camiseta térmica en la mochila nos evitará malas sorpresas. También es fundamental ir bien calzados. Una buenas botas de montaña, a las que ya estemos habituados, nos ayudarán a prevenir posibles torceduras y a evitar molestas ampollas.

A la hora de preparar nuestra mochila, que procuraremos que sea lo más ligera posible, no debemos olvidar nunca un mapa de la zona, un teléfono con la batería plenamente cargada, agua suficiente y comida. Además, las barritas energéticas, el chocolate o los frutos secos nos ayudarán a recuperar energía cuando lo necesitemos. Entre nuestro equipamiento tampoco debe faltar un botiquín de primeros auxilios y una linterna. En el caso de que la excursión vaya a ser de varios días es aconsejable llevar también una manta térmica, además del equipamiento necesario ?saco de dormir, esterilla- para hacer noche al aire libre o en un refugio.

Pero, ante todo, lo más importante para hacer una excursión a la montaña es no ir nunca solo y preparar bien el recorrido. A ser posible, debemos ir con alguien que conozca ya el terreno y, en cualquier caso, estudiar bien la ruta que queremos hacer. Es importante también informar a nuestros allegados de que camino seguiremos y cuales son las etapas que hemos previsto. Antes de fijar la fecha, es importante consultar las previsiones meteorológicas. Elegir un recorrido cuyo grado de dificultad se adapte a nuestra condición física es también fundamental como también lo es no sobrevalorar nuestras fuerzas y evitar asumir riesgos innecesarios.