Como dice la canción, todas hemos soñado alguna vez con eso de ser forever young, de ser jóvenes para siempre. Como por desgracia sabemos acabamos descubriendo que eso es imposible y que, inevitablemente, todo lo bueno se acaba, nuestras aspiraciones se centran al menos en vivir muchos años, con calidad, y, además, tener una experiencia plena.

¿Sabías que la persona más longeva registrada hasta la actualidad, Jeanne Calment, vivió 122 años? Esto nos da por pensar qué tipo de vida llevó para alcanzar esa edad. Pues quizás te sorprenda saber que fumaba. Sí, sí, Jeanne Calment fue fumadora durante cien años. Increíble, ¿verdad? También te puede dejar con la boca abierta el hecho de que tomaba vino a diario y lo aliñaba todo con aceite de oliva. ¡Ah! Y montó en bicicleta hasta los 100 años. Si tomamos como ejemplo a la señora Calment, quizás podamos hallar el secreto de la longevidad. ¿Yace en la alimentación, la genética, o está tal vez determinada por factores medioambientales?

Secretos guardados durante cien años

En Estados Unidos, por ejemplo, una de cada seis mil personas es centenaria, y una de cada cinco mil millones es supercentenaria, es decir, supera los 110 años. En nuestro país, según el Instituto Nacional de Estadística, hay en la actualidad 17.424 personas que superan los cien años, y tan sólo 558 de ellas son supercentenarias, de las cuales el 77% son mujeres. Los resultados podrían llevarnos a suponer que existe una relación entre longevidad y genética, ya que la longevidad extrema se agrupa por familias.

Así es, tenemos más posibilidades de llegar a los cien años si nuestros padres, abuelos o hermanos también fueron centenarios. Sin embargo, es difícil identificar cuáles son los genes responsables de la longevidad: los estudios han revelado que hay al menos 130 implicados, entre los cuales está la apolipoprotenía E, que aumenta el colesterol bueno de la sangre (el HDL), y el FOX03, encargado de regular el azúcar en sangre y de eliminar los radicales libres.

Si no tienes un abuelo centenario, ¡no te preocupes! También se ha podido comprobar hoy día que los genes pueden llegar a modularse con una buena alimentación y un estilo de vida saludable. También sabemos que el HDL puede elevarse comiendo mucho omega 3, y nuestros niveles glucémicos se pueden regular consumiendo abundantes hortalizas. Así que, aunque no tengamos familiares tan longevos, podemos vivir más y mejor si cuidamos nuestro estilo de vida.

Las zonas azules de la longevidad

Existen lugares del mundo donde hay un porcentaje más alto de personas longevas, sanas y felices. Pero, ¿qué tienen en común? Pues, curiosamente, las personas centenarias se concentran en zonas concretas del planeta muy distantes entre sí: Okinawa, en Japón; Icaria, en Grecia; Ogliasatra, en Cerdeña (Italia); Nicoya, en Costa Rica; y Loma Linda, en Estados Unidos. Estos puntos del globo terráqueo, conocidos como ‘zonas azules’ tienen en común su localización, entre el ecuador y el trópico de Cáncer.

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El estilo de vida de las zonas azules

Las características más comunes de los centenarios de las zonas azules han sido descritas por Dan Buettner, periodista y autor de The Blue Zones (El secreto de las zonas azules), que llevó a cabo un estudio exhaustivo de las poblaciones donde se detectó que había más personas que sobrepasaban los cien años:

  • Practican ejercicio físico moderado de forma regular.
  • Han aprendido a afrontar la vida con calma y serenidad (gracias a la meditación, a la costumbre de echar la siesta, etc.).
  • Tienen un propósito en la vida, es decir, objetivos que los motivan para moverse y avanzar día tras día. En Okinawa, este propósito es conocido como ikigai.
  • Comen muchos alimentos de origen vegetal, y poca carne y lácteos.
  • No fuman.
  • Acostumbran a comer despacio y poco.
  • Cuidan los lazos familiares, y cuentan con el amor incondicional y el apoyo de la familia.
  • Participan y colaboran en el bienestar de la comunidad.
  • Piensan que las relaciones sociales favorecen una vida más larga y feliz, y tiene una vida social activa.