Sueño, falda, pantalón y voltereta. Ellos trepan los árboles y ellas saludan desde abajo. Coches para el niño muñecas para ella. O quizá eso ocurría mucho antes de que el feminismo introdujese el concepto de género para explicar que no se nace con un sexo: el género es una categoría que se impone y se construye socialmente a través de la educación que recibimos, la cultura, la religión o los medios de comunicación. ¿Y si pudiéramos intervenir en él?

Nada ocurre de manera aleatoria y el lenguaje que utilizamos para educar a los niños y las niñas tiene consecuencias en cómo mirarán el mundo. O mejor dicho, cómo se sentirán en un mundo en el que durante años el hombre ha sido el que llevaba pantalones, dirigía, compraba, vendía y se aseguraba de que todo estuviera bajo control. Bajo su control. Pero hace décadas que la situación ha cambiado. El revés feminista de los últimos tiempos es ya imparable. Y los niños y las niñas no escapan a esta deriva. Pero, ¿por qué es necesario educar a un niño en el feminismo?

 

Las reivindicaciones del 8 de marzo

Este domingo 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. Las calles volverán a llenarse de mujeres. El morado cubriéndolo todo con cantos, ruido y alboroto. Porque sin esa ruptura, ¿cómo alcanzar el cambio? Numerosas escritoras apuntan ya con sus textos hacia una revolución marcada por la mujer y su posición frente a un mundo de herencia patriarcal. Y es que las consecuencias de este sistema no son solo para las mujeres. El tema en cuestión va mucho más allá.

Como explica la escritora Iria Marañón en 'Educar a un niño en el feminismo': "necesitamos cuestionar la masculinidad de forma absoluta, construir una sociedad nueva, realmente igualitaria, sin jerarquía'. Porque, aunque las transformaciones deben ir desde las instituciones públicas hasta las privadas, las leyes o los sistemas económicos y financieros, es cierto que "por algo hay que empezar y la educación es la raíz del problema que debemos atacar".

"Necesitamos cuestionar la masculinidad de forma absoluta, construir una sociedad nueva, realmente igualitaria, sin jerarquía"

Primero debemos ser conscientes de que la educación que proporcionamos a los y las más jóvenes solo configura el 10% de su personalidad. La herencia genética aporta el 40% y el entorno el 50%. Ese ámbito social en el que los niños y las niñas se educan de forma distinta, recibiendo constantemente indicaciones sobre cómo debe ser una niña y cómo debe ser un niño. Tú aquí, tu allá, tú no destaques, tú asiente

'Educar a un niño en el feminismo', Iria Marañón

¿Qué entendemos por masculinidad?

Pero, ¿qué entendemos como masculinidad? La masculinidad es lo que conocemos como el rol sexual asignado al sexo masculino que define cómo debe ser un hombre: sus características físicas, sus conductas, y es lo opuesto a lo femenino. Fuerza, virilidad, poder, competitividad, superioridad son algunas de las las asociaciones de género que recaen en el hombre y con las que en muchas ocasiones se ve forzado a cargar.

Es fundamental, como indica Marañón, que "los niños aprendan una nueva forma de ser, de sentir, de amar, de autoconocerse y de actuar". Alejados de cualquier norma que les autodefina y limite, siendo hombres aliados en la lucha feminista, empáticos, sensibles, responsables de sus emociones sin depender de las mujeres, quienes ahora también han tomado la delantera. Y eso sin duda supone un intercambio de responsabilidades.

La autora nos explica en este libro algunas claves para educar a un niño en el feminismo que van desde la cooperación hasta, la solidaridad, el respeto, la escucha activa o la honestidad. Porque si la sororidad entre mujeres que se escuchan y apoyan de manera firme ya está trayendo grandes cambios en la sociedad actual, en el momento en que los niños tomen consciencia de su papel como aliados, para entonces, la lucha feminista también atravesará las estructuras masculinas que, como mínimo, deberán adaptarse a esa necesaria igualdad entre ambos géneros.

Lo colectivo por delante de lo individual
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Lo colectivo por delante de lo individual

Lo primero que tienen que aprender los niños es el impacto que tiene cada paso que dan en el bienestar social. Es decir, deben ser conscientes de que sus acciones y decisiones tienen repercusiones en otras personas y deben valorar qué tipo de consecuencias provocan. La idea es enseñarles que pueden ganar todas las partes para que se conviertan en personas solidarias.

Cooperación
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Cooperación

Tenemos que sentar las bases de una cooperación sana que consiste en valorar las diferencias y en creer de verdad en las sinergias de la complementariedad. Para eso es fundamental la humildad y que nuestros niños sepan que las diferencias aumentan su compresión de la realidad y sus conocimientos.

Empatía, compasión, solidaridad
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Empatía, compasión, solidaridad

 

Si un niño tiene empatía, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, sin juzgar y reconociendo sus emociones, el niño entenderá cómo se sienten las personas, sus emociones, y eso le producirá compasión.

Autoestima, no narcisismo
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Autoestima, no narcisismo

La autoestima es fundamental para educar a niños felices, y es la percepción, el sentimiento y la valoración positiva que tenemos las personas sobre nosotras mismas. Dejando de lado el narcisismo que es una cualidad extremadamente negativa y peligrosa.

Respetar a las personas
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Respetar a las personas

Los niños deben aprender a respetar a todas las personas y así mismos. No se debe confundir la tolerar con soportar. No queremos que los niños toloren a otras personas, queremos que, acepten sin prejuicios a otras personas y aprendan a tratar bien a la gente. ¿Cómo? A través de la amabilidad, asertividad, la escucha activa o la honestidad.

Enseñamos habilidades emocionales
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Enseñamos habilidades emocionales

Los niños deberían aprender a identificar e influir en sus propias emociones. Deben saber que sentir es bueno, que si se sienten tristes pueden llorar y, si se sienten entusiasmados pueden demostrarlo. La base de una buena gestión emocional radica en el autocontrol y las habilidades sociales:

  • El autoconocimiento y la autogestión, conocerse, comprender nuestras emociones para aprender a regularlas y gestionarlas.
  • Saber gestionar las relaciones interpersonales.
  • Automotivación.
  • Empatía.
  • Habilidades sociales.