El estudio, realizado por investigadores dela Universidad de Illinois (E.E.U.U) y publicado el año pasado en The JOurnal of Pediatrics, se realizó con un grupo de cuarenta niños y niñas de entre 8 y 10 años, algunos con Trastorno de Déficit de Atención (TDA) y otros no. A todos ellos se les realizaron diferentes test de atención que volvieron a hacer primero después de haber pasado un rato sentados leyendo y otra vez después de haber hecho veinte minutos de ejercicio. Los resultados mostraron que todos los niños obtenían mejores resultados después del ejercicio y, además, los niños con déficit de atención mejoraban significativamente en uno de los test más complicados. La actividad mental de los niños fue seguida con electrodos y dejó en evidencia que tras el ejercicio los niños con déficit de atención eran más capaces de concentrarse y de auto controlarse, al igual que los niños sin TDA.

Gracias al estudio queda claro que la práctica habitual de ejercicio resulta beneficiosa para todos los niños no sólo porque repercute en su salud física sino porque también lo hace en su capacidad de concentración y atención. Aspectos que, por supuesto, resultan especialmente relevantes para los niños con TDA que pueden encontrar en la práctica regular de deporte una gran ayuda para mejorar sus niveles de atención y con ello sus resultados escolares.