Proveniente de centro y sur América, donde su cultivo se remonta a miles de años, el maíz llegó a Europa de la mano de los españoles que empezaron a cultivarlo en el norte de España, especialmente en Galicia, y de ahí su cultivo se extendió al resto del continente europeo. En América, existen rastros de su cultivo de hace más de 5000 años y su importancia en la dieta para las culturas prehispánicas era tal que los aztecas lo consideraban como un alimento divino e incluso fue utilizado como moneda.

Hoy, en el continente americano, el maíz sigue siendo un alimento primordial y su consumo se ha extendido al resto del mundo, convirtiéndose en el cereal más cultivado. El maíz es, además, la base para múltiples recetas, ya sea en forma de harina ? por ejemplo para elaborar las famosas tortillas mejicanas o como polenta-, en forma de copos para el desayuno, de palomitas de maíz, cocinado toda la planta en forma de mazorca o comiendo sólo los granos en ensalada, existen mil formas de preparar el maíz.

Recomendado en las dietas para celíacos, puesto que no tiene gluten, el maíz proporciona una gran cantidad de nutrientes. Rico en carbohidratos ?por lo que es muy energético-, en proteínas ?aunque debe combinarse con legumbres y verduras para que puedan ser bien absorbidas por nuestro organismo-, con un alto contenido en fibra que facilita el tránsito intestinal y aumenta la sensación de saciedad, es también rico en vitaminas de tipo B y en minerales como potasio, magnesio, hierro, fósforo, zinc y manganeso.