Fue tras su divorcio y a raíz del juicio por la custodia de su hija en el que se sintió culpabilizada por sus relaciones sentimentales, cuando Lucía Etxebarria decidió que era el momento de hablar sin tapujos sobre un tipo de relación amorosa que sigue siendo tabú. A punto de cumplir 50 años, escribe sobre las relaciones poliamorosas que, asegura, cada vez son más frecuentes en España. Lo hace contándonos su propio testimonio en el que ha habido parejas cerradas pero, sobre todo, relaciones abiertas y el de muchas personas que viven el amor de distintas formas, alejadas todas ellas de la normalidad entendida como un único amor para toda la vida. Ella dice que solo cree en ese gran amor si es para su hija o para sus perras. El amor romántico se lo reserva para las películas de Hollywood.

 

Afirmas con rotundidad que la pareja monógama está en decadencia.

Los datos dicen que de cada 10 parejas casadas, siete se habrán divorciado antes de los 10 años de matrimonio. De los tres que quedan el 50% se son infieles. Todos conocemos a parejas monógamas que no se soportan, que van a casa de los suegros y no paran de ponerse verdes. Solo hace falta entrar en Tinder para ver hombres casados buscando ligues... Se te cae el alma a los pies. Es horroroso.

 

Ni hablar del amor para toda la vida...

Yo es que eso de que “llevo 10 años con mi marido y siento un profundo amor”, no me lo creo. La mayoría se llevan bien, se compatibilizan. El gran amor es un mito como el ratoncito Pérez o los Reyes Magos. Tampoco me creo que quieran más a sus maridos que a sus hijos.

 

Pero hay muchas parejas que son felices.

Sí, muchas. Son parejas funcionales. No piensan que su marido es perfecto, pero su relación sí lo es y tienen una vida bien montada donde todo va bien. No les son infieles a sus maridos porque tienen un trabajo que les gusta y han sublimado el sexo. Están bien con su vida organizada: un marido majo, unos hijos fantásticos, un trabajo que les encanta... Eso sí, mañana les ponen a Clive Owen en el despacho y le dirían que sí. Pero como la tentación no se presenta tampoco son infieles.

 

¿Y si fuesen infieles?

Ya sucede. La mitad de las parejas se son infieles pero eso no destroza la pareja, de hecho la puede reafirmar. La competencia despierta el interés. Otra cosa diferente es que entre una tercera persona que signifique algo más.

 

¿Es posible amar a más de una persona?

Por supuesto. Yo amo a mi hija por encima de todo, después está mi mejor amiga, mis perras y mi familia. Claro que se puede amar a muchas personas. Yo es que este mito romántico del gran amor… También se puede tener sexo y no amar en absoluto [risas].

 

Hablas con naturalidad de relaciones de amor entre más de dos personas. No parece algo sencillo.

Cuando la pasión se acaba y queda la amistad todo se puede razonar. La gente inteligente sabe ir más allá y gestionar sus emociones. En una relación poliamorosa todo debe ser consensuado y debe hacerse con transparencia. A partir de ahí lo que pacten los que estén dentro es lo importante.

 

¿Y qué pasa con los celos?

Cuando llevas muchos años con alguien y los sigues sintiendo son síntoma de inseguridad. En su mayor parte, los celos son aprendidos. Yo solo he tenido celos de las madres y las ex novias. Una madre que quiere hundir una relación puede hacerlo y una ex novia que empieza a llamar... ¡Témela!

 

¿Hombres y mujeres buscamos cosas distintas en las relaciones?

Las mujeres buscan intimidad emocional y los hombres buscan sexo porque les han enseñado que es así como debe ser. Mientras que las mujeres sacrifican antes su carrera por la familia, los hombres se divorcian antes para tener una relación con una niña de 22 años. En cambio, una mujer nunca haría eso por un niñato.

 

¿El poliamor es algo nuevo?

En los años 30 hubo muchas comunidades libertarias, muy avanzadas. En los 70’ volvieron a haberlas. Lo que se llama ahora poliamor antes se llamaba amor libre.

 

¿Lo conoces bien?

Cuando no se llamaba poliamor, estuve en relaciones poliamorosas en los años 80 y los 90. Después tuve una relación cerrada y ahora ya nada. Soy una señora de edad provecta [risas].

 

¿Se nace siendo poliamoroso o es algo cultural, una moda?

Yo creo que se nace. Hay personas con más curiosidad y con la líbido más alta. Personas a las que les gusta más el riesgo y a las que las van las emociones fuertes. Yo soy de esas.

 

¿Es muy frecuente?

Sí. Me ha sido muy fácil escribir el libro que está lleno de testimonios. He cambiado nombres y localizaciones para que no sean reconocibles.

 

Pero no puedes casarte con dos personas a la vez.

En España es imposible, pero en Brasil y en Estados Unidos existen trucos legales que sí lo permiten. Sigue siendo algo tabú y no creo que en un futuro próximo se logre cambiar las leyes.

 

Hablas de clubs de poliamor. ¿Qué son?

Son como los clubs de swingers [locales donde se practica el intercambio de parejas] pero con el amor. Normalmente quienes van son la típica pareja monógama que tiene dos niños y un perro, y que de repente se aburre y decide abrir la pareja. Como nunca han salido, van a este tipo de lugares. Aunque yo lo que aconsejo es ir a un bar de marcha donde todo va a ser mucho menos forzado.

 

¿Por qué decidiste escribir este libro?

El detonante fue el juicio por la custodia de mi hija. Con 50 años estoy harta de ocultar lo que hice y de que se me culpabilizara. A mi hija le han dicho todo tipo de burradas cuando mi vida es perfectamente normal y mi hija que es feliz. Lo normal es lo nuestro, lo raro es la monogamia. Intento que la gente que no lo conoce no lo entienda como los cuernos progres. Aunque yo también he vivido relaciones monógamas creo que por mucho que lo intenten imponer, lo raro es la monogamia.