Después de más de un mes de cuarentena, nuestras vidas han cambiado radicalmente, teniendo que hacer frente a situaciones totalmente imprevisibles, que a menudo están siendo acaparadas por emociones como el miedo, el estrés o la ansiedad. Para muchos, el confinamiento está siendo un auténtico reto para combatir la incertidumbre, el aburrimiento, la convivencia con los otros miembros de casa, la solitud si vivimos solos, o un largo etcétera de vicisitudes personales.

Pero, por difícil que sea la situación, podemos hacer mucho para mantener a raya la ansiedad y sacar todo lo bueno que podamos de este periodo de nuestras vidas. ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo es mejor intentar abordar la crisis del COVID-19? Conversamos con Dafne Cataluña, fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva, para averiguar qué estrategias psicológicas podemos emplear estos días para sentirnos más tranquilos, más serenos y más confiados.

 

En esta época de cuarentena e incertidumbre, los psicólogos recomendáis no confundir el aislamiento físico con el aislamiento emocional. ¿Qué significa eso exactamente?

El aislamiento físico es una consecuencia de las medidas de confinamiento que nos impiden realizar la mayor parte de actividades sociales y en muchos casos también laborales. El aislamiento emocional es una actitud que tomo ante una situación emocionalmente dolorosa en la que se prescinde del apoyo social como estrategia de afrontamiento.

Romper el aislamiento emocional implica mantener los lazos con nuestros allegados y recurrir al apoyo social cuando lo necesitemos. Y afortunadamente, contamos con la tecnología como aliada para impedir que el aislamiento físico afecte nuestra salud mental.

 

“Todo irá bien” es una de las frases que más estamos oyendo estos días. Sin duda, la gente que la utiliza lo hace con la intención de transmitir ánimos y sosiego a una sociedad muy asustada, ¿pero es una buena fórmula? ¿O es mejor ser más realista sin dejarse llevar, a la vez, por el pesimismo?

La mayoría de las veces que alguien nos dice “todo irá bien” o “no es para tanto” trata de ayudar, calmar o aliviar un sentimiento negativo. Estas fórmulas pueden funcionar, pero a algunas personas pueden hacerles sentir que lo que están sintiendo en ese momento es algo erróneo.

Algunas de las recomendaciones alternativas son: identificar la emoción del otro y mostrar una actitud empática, escuchar sin aconsejar, ofrecer compañía o apoyo, aludir a los recursos que tiene esa persona para afrontar situaciones complicadas, etc.

 

¿Cuál es la actitud que más nos va a ayudar a sobrellevar estas semanas de incertidumbre? ¿Cómo podemos trabajarla?

La clave está en trabajar la aceptación y ampliar nuestra capacidad para tolerar la incertidumbre. Una vía para hacerlo es practicar la meditación o el mindfulness: Consiste en entrenar nuestra atención para ser capaces de focalizarnos donde elijamos sin juzgarnos. Esto puede ayudar a cambiar nuestra relación con el malestar, con el descontrol y con la incertidumbre.

 

Es necesario manejar el dolor, pero también será importante darnos permiso para cultivar emociones positivas y cuidarnos.

 

Los expertos insisten en la necesidad de establecer rutinas diarias de sueño, de comidas o de trabajo. ¿Por qué son tan importantes? ¿A qué riesgos nos sometemos si no las seguimos?

Las rutinas generan estructura física, delimitando espacios y momentos para nuestras diferentes actividades; y mental, generando un día a día conocido, predecible y fácil de afrontar.

Cuando alteramos nuestros ritmos y rutinas podemos sentirnos libres y relajados en un primer momento, como ocurre en períodos de vacaciones. Pero si la falta de estructura se alarga en el tiempo, podemos ver alterados nuestros ritmos de sueño, alimentación y empezar a experimentar estrés e incluso un descenso en el estado de ánimo.

 

¿Y qué hay de la sobreinformación, las fake news y la adicción a las redes sociales? ¿Deberíamos también racionar nuestro consumo digital sobre contenidos relacionados con la pandemia?

Sin duda, no poner límites a la información puede ser perjudicial y activar en nosotros emociones negativas y una sensación derrotista.

Es recomendable elegir uno o dos momentos al día para informarnos y hacerlo a través de fuentes fiables para evitar noticias falsas y bulos. El resto del tiempo mental podemos dedicarlo a otras actividades combinando el uso de las redes sociales con actividades offline.

 

Uno de los grandes dramas emocionales de estos días está siendo el aislamiento de enfermos de COVID-19, que no pueden contar con ninguna compañía aun estando en situación crítica. ¿Qué pasa con los familiares y amigos que se quedan en casa? ¿Hay alguna fórmula que les ayude a vivirlo de una manera más serena?

Es necesario manejar el dolor, pero también será importante darnos permiso para cultivar emociones positivas y cuidarnos. Será fundamental mantenernos fuertes para poder ayudar a la gente que nos rodea e incluso a nuestro familiar enfermo, cuando vuelva.

 

Esta situación no depende de nosotros, pero sí lo que decidamos hacer con ella.

 

¿Cómo podemos acompañar a alguien en el duelo en la distancia?

Habrá que adaptarse a lo que necesita esa persona. No hay dos duelos iguales, por ello tendremos que estar atentos a las necesidades del doliente. Es recomendable recurrir a la pregunta y hacer partícipe a la persona de los recursos que necesite activar para sentirse mejor.

No obstante, una herramienta recomendable pasa por facilitar espacios dónde la persona se pueda desahogar y pueda volcar sus emociones, dudas y reflexiones. Sin presiones y sin agobios, ya que puede haber momentos donde no necesite recurrir a ese recurso.

 

¿Esta crisis sanitaria va a sacar lo mejor y lo peor de nosotros mismos? En ese sentido, ¿puede ser una nueva vía de autoconocimiento o de crecimiento personal?

Esta situación no depende de nosotros, pero sí lo que decidamos hacer con ella. Nos podemos centrar en todas las cosas a las que renunciamos o utilizar este momento para aprender a estar con nosotros mismos, para hacer balance de propósitos vitales, para ampliar nuestra tolerancia al aburrimiento o para aprender cosas nuevas.