La escritora Alicia Giménez Bartlett, Premio Planeta 2015, y el director de cine y guionista Daniel Sánchez Arévalo, finalista del galardón, nos desgranan los detalles de su proceso creativo.

A ella todo premio le llena de satisfacción y el Premio Planeta, en concreto, pone el acento más mediático a su fenomenal (y tan laureada) trayectoria literaria. Para él, ser finalista del Planeta le ha generado una ilusión comparable a su ópera prima cinematográfica. Conversamos con ellos.

 

Ambas novelas atrapan a los lectores desde el principio. He de decir, no sé si era la intención, que La isla de Alice es claramente cinematográfica.

DSA: Digamos que toda la peripecia de Alice lo es. Originalmente yo pretendía convertir esto en mi primera película americana. Luego me di cuenta de que quería contar tantas cosas que no me cabían en dos horas de ficción. También es una novela por la peripecia interior de Alice. Todo el viaje interior de ella es muy difícil de contar cinematográficamente. Toda esa búsqueda es lo que la convierte en una novela. A mí me interesa más todo lo que vive ella. Mi fantasía era contarlo como si fuese una autora norteamericana y firmarlo así. Habría buscado una chica que hiciese de mí en la promoción [risas]. Pero ya me dijeron que habría sido una locura.

 

En cambio, Alicia, Hombres desnudos se cuece poco a poco, va in crescendo...

AGB: La idea era contar una historia muy lentamente y que el lector fuera viendo cómo se desarrolla, y que la fuera anticipando. Aquí no se pretende que el lector vaya descubriendo, sino que el lector ya sabe –no lo que va a pasar– pero sí, por ejemplo, que los protagonistas se van a encontrar. Y que esa anticipación provoque ganas de leer. Se supone que lo que no nos esperamos nos tira, pero también lo que se espera, aquello que sabes que va a pasar pero no sabes cómo.

 

La prostitución masculina, tema que enmarca Hombres desnudos, se trata con normalidad, sin caer en victimismos.

AGB: Es que es así. La prostitución masculina está muy asimilada en la vida de estas mujeres de un cierto espectro social. Al no ser tan sórdida, al darse en ambientes femeninos tan exquisitos, no hay esas circunstancias tan naturalistas y tan trágicas de la prostitución femenina.

 

Y los roles también han cambiado, los masculinos y femeninos.

AGB: Los chicos de alterne, de compañía, han empezando a verse por todos lados y eso es un cambio de rol. Hoy la prensa reproducía unas imágenes del ex futbolista Éric Cantona, desnudo, con su mujer, vestida. Dicen que están hartos de ver los roles de siempre y que se van a ver más hombres desnudos en los medios... Yo, encantada.

 

Daniel, en tu caso, ¿cómo lograste ponerte en el papel de una mujer?

DSA: Hombres y mujeres no somos especies aparte. Obviamente me he nutrido de mi entorno, de mi hermana, que es madre. Las niñas se llaman igual que mis sobrinas, tienen su misma edad. Me nutro mucho de todo lo que veo y me cuentan. Una vez escrita se la pasé a varias madres para asegurarme de que todos los pequeños detalles de la maternidad tenían consistencia. Pero para la voz de ella, no he hecho ningún ejercicio especial, te diría que tengo una parte femenina muy desarrollada dentro de mí, y la tengo muy asumida, son muchos años de psicoanálisis, y pensaba, siendo muy pequeñito, “a ver si esto me va a convertir en gay”, porque era muy sensible... Y no. Solo que una vez asumes esa parte femenina, te liberas mucho.

 

¿Cuál fue el germen o aquello que os llevó a escribir vuestras novelas?

AGB: A mí, intercambiar roles y ver qué pasa, siempre me ha gustado. Porque de ahí salen un montón de contradicciones. Al final, todo el mundo trabaja con tópicos y estereotipos, que cuando les quitas la base no tienen ninguna razón de ser. La espoleta que me llevó a tratar el tema de los hombres desnudos fue que yo ya había visto un estriptis masculino en EE UU y en Barcelona. Había ido alguna vez porque era un espectáculo sociológico brutal, por las mujeres. Luego vi la película Magic Mike, que trata el tema del estriptis masculino contando lo anecdótico y la relación de colegas entre ellos, y no cae en el mundo sórdido que suele verse en el estriptis femenino. No he visto un estriptis masculino donde esté una mujer sentada en primera fi la, con su whisky, con una actitud de poder. Esa sordidez, en lo que yo me he documentado, no está.

DSA: En mi caso, las primeras anotaciones son de hace más de seis años. Pero desconfío mucho de las grandes ideas que tenemos de repente. Trato de ignorarlas para que las que echen raíces sean las que realmente interesan. No sé nunca el germen. Sí puedo ponerme a rastrear y ver una primera nota... Pero he estado durante cuatro años tomando notas. Además, solo me siento a teclear cuando tengo mucho trabajo recopilado. También me pasa con los guiones.

 

Y una vez en ello, ¿escribís sin parar?

AGB: ¡Para nada! Con esta novela he tardado tres años y la he reescrito dos veces. Mi sistema es muy distinto del de Daniel. Me suelo dejar llevar por una intuición, me digo, “tira adelante, aunque no sepas a donde vas” y luego corrijo. Porque si no, me disperso, no tendría un material que reelaborar.

DSA: Yo me puedo poner y empezar diálogos sin parar, necesito esa sensación de avanzar, de moverme, pero soy muy caótico: no tengo horarios, no soy nada rutinario... Mi padre, que es pintor, siempre cumple su horario. Yo me distraigo constantemente. Pero es mi manera de trabajar y de sacarlo adelante. Puedo escribir viendo Sálvame... [risas].

AGB: Espero que eso no influya en tu literatura... [risas]. Yo corto, cuando acabo de trabajar, acabo. Escribo de las 9 a las 16 horas. Soy disciplinada.

 

¿Escribís de aquello que más os duele íntimamente, aunque no lo parezca?

DSA: En mi caso sí, y lo parece. Empecé a escribir como mecanismo de terapia. Poniendo en otro personaje lo que a mí me pasaba, lo matizaba, alejaba los fantasmas y luego eso lo supe encauzar como una profesión, como guionista.

AGB: Yo soy más partidaria de una racionalización de lo que se escribe, de transformar los sentimientos, de que no te toque tan de cerca. Todo el mundo se horroriza, es dolor, es pasión, pero la novela siempre ha tenido una base de ideas, de pensamiento y de análisis de la realidad.