Muchas personas de nuestra generación tuvimos la suerte de compartir tiempo con nuestros abuelos cuando éramos niños. Durante esas horas de juegos a menudo escuchábamos con atención sus historias de juventud, sus experiencias y capítulos únicos que quedaron grabados en su memoria, normalmente asociados a momentos de felicidad y alegría.

Sin embargo, no todos ellos, e incluso no todos los que hoy son abuelos, tienen historias amables que contar. Me refiero específicamente a las personas de la tercera edad que se engloban dentro del colectivo LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transexuales), que fueron discriminadas, perseguidas, obligadas a realizar trabajos forzados y torturadas en las cárceles españolas durante el franquismo en aplicación de la ya desaparecida Ley de Vagos y Maleantes, que fue modificada expresamente a partir del 15 de julio de 1954 para validar la represión de los homosexuales dentro del Código Penal.

Este contexto de persecución, rechazo y humillación institucionalizada constante se convirtió, poco a poco, día a día, año tras año, en el caldo de cultivo perfecto para que nuestros mayores LGBT desarrollaran unas vulnerabilidades que, por el hecho de formar parte de un grupo minoritario marginado, sean hoy no solo diferentes del resto de personas de la tercera edad, sino más acentuadas.

Veamos a continuación cinco razones que convierten a las personas LGBT de la tercera edad en personas más vulnerables:

La soledad
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La soledad

Es cierto que la soledad es una realidad que afecta a todos nuestros mayores por igual. Sin embargo, los mayores LGBT la viven en mayor grado porque no pudieron desarrollar vínculos emocionales estables a lo largo de su vida. Su red de contactos es más precaria.

¿Cómo llegaron a esta situación? ¿Por qué no se han relacionado de la misma manera que el resto de las personas cuando eran jóvenes? Pues precisamente porque fueron perseguidos y maltratados.

Como tenían miedo al rechazo, decidieron apostar por el autoaislamiento como estrategia de supervivencia en un mundo que les era muy hostil.

Autoaislamiento significa clandestinidad: no tuvieron ocasión de conocer y reconocer a “sus iguales”; a personas que, como ellos, formaban parte del colectivo LGBT con los que pudieran trabar y profundizar en relaciones de amistad o de pareja.

Así, las personas LGBT llegan a la tercera edad con mayores probabilidades de estar solas que el resto de la población.

El doble rechazo
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El doble rechazo

Las personas mayores sufren rechazo. Las personas mayores LGBT son doblemente rechazadas.
 

El rechazo por ser mayor

A medida que envejecen, crece el rechazo hacia las personas mayores por varios motivos:  

  • enferman con mayor facilidad.
  • son más dependientes.
  • sus opiniones dejan de ser válidas porque “ya no saben cómo funciona el mundo”.

Las personas mayores tienden a ser evitadas, segregadas o rechazadas para evitar pensar en nuestra propia mortalidad.

 

El rechazo añadido por ser LGBT

En otoño de 2019 la FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales) publicó un estudio que revelaba cómo el 67% de las personas mayores encuestadas consideraban que tenían más dificultades por el hecho de ser LGBT.  

La encuesta, realizada a una muestra de 145 personas LGBT mayores de 65 años, revelaba que el 28% de los participantes “no encuentra apoyo en nadie cuando lo necesita” y que el 12% de estas personas “necesita apoyo en su vida de manera habitual”. Además, el 11% aseguró que no contaba con nadie que le hiciera sentirse querido y valorado.

El rechazo hacia las personas mayores LGBT se agrava porque:

  • suelen ser más pobres que el resto de población de la tercera edad porque sufrieron discriminación en sus entornos laborales y tuvieron menos oportunidades de crecer profesionalmente.
  • dejan de ser sexualmente deseables mucho antes porque dejan de cumplir con los estrictos cánones de belleza que la norma socialmente aceptada del colectivo LGBT exige.
La discriminación y violencia sufrida a lo largo de su vida
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La discriminación y violencia sufrida a lo largo de su vida

La discriminación y la violencia constante y sostenida durante varias décadas que sufrieron los que hoy son nuestros mayores LGBT les convierte en personas mucho más vulnerables.

El impacto del acoso constante y prolongado afectó considerablemente a su autoestima y su habilidad para desarrollar habilidades emocionales para enfrentarse a los retos de la vida cotidiana.

 

La homofobia interiorizada

Una de las principales consecuencias de esta persecución y maltrato sistemático fue el desarrollo de lo que varios expertos en atención psicológica a personas gais ya definieron en 1997 como homofobia interiorizada en un estudio del Departamento de Psicología de la Universidad de California y el Ontario Institute for Studies in Education de la Universidad de Toronto.

¿En qué consiste la homofobia interiorizada? Se trata de una actitud hostil y rechazo hacia otras personas homosexuales, la denigración de la propia homosexualidad como estilo de vida y la falta de voluntad para revelar a los demás la propia homosexualidad. 

El origen de este rechazo hacia uno mismo se encuentra en el acoso sistemático que la gran mayoría de miembros del colectivo LGBT sufrieron de forma sistemática desde su infancia, incluso dentro del entorno familiar.

El machaque recibido durante tanto tiempo y de tantas formas diferentes (insultos, palizas, rechazo y abandono de la familia, mayor dificultad para acceder al mercado laboral, mayor dificultad para crear relaciones de amistad y de pareja) implica que muchos mayores hayan interiorizado que tienen menos derechos que las personas heterosexuales.

Por todas estas razones los mayores LGBT regresan al armario cuando ingresan en una residencia o necesitan acudir a servicios específicos de atención a personas mayores.

Volver al armario
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Volver al armario

Federico Armenteros (Foto: Fundación 26 de Diciembre)

Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre (en honor al día en la que se modificó la Ley 16/1970 sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social) afirma en una entrevista por Skype que los mayores LGBT vuelven al armario cuando entran en residencias para mayores porque “tienen otra vez miedo al rechazo”.

Para los mayores, prosigue Armenteros, volver al armario “supone perder la vida y volver a luchar contra sí mismos”, desarrollando en el corto plazo un auténtico sentimiento de inutilidad. “Pierdes tu proyecto de vida, pero a los 80 las personas siguen teniendo proyectos de vida”, recuerda.

Otra de las razones por las que los mayores LGBT regresan al armario es porque “entran en lugares donde la construcción social es heteronormativa y, en consecuencia, muy homofóbica”.

Para protegerse, los residentes esconden quiénes son.

Falta de adecuación a la realidad LGBT en residencias y servicios de atención a mayores
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Falta de adecuación a la realidad LGBT en residencias y servicios de atención a mayores

Armenteros denuncia que en las residencias a menudo se producen situaciones de abandono y aislamiento a los mayores LGBT porque, como son considerados corruptos y adictos al sexo, “tienen miedo a que sean violentos o a que hagan adictos al sexo a los demás”.

En esta línea, Armenteros recalca que mientras se ha realizado un excelente trabajo de concienciación entre los más jóvenes sobre la discriminación y la violencia que sufrió el colectivo LGBT, las personas mayores nunca recibieron información y desconocen por completo qué significa ser homosexual o lesbiana.

Las residencias y centros de atención replican así los modelos de educación heteropatriarcal que discrimina a las personas mayores LGBT, que en el caso de las personas transexuales se acentúa considerablemente.

“Hace un tiempo nos llegó el caso de una mujer trans, que ya era muy mayor, que además de ser apartada del resto de residentes estaba metida con los hombres. La realidad trans no existe”, sentencia Armenteros.

 

¿Qué necesidades tienen los mayores LGBT?

Además de las necesidades sanitarias propias de la tercera edad, nuestros mayores LGBT reclaman poner más atención a sus necesidades emocionales:

  1. Ser visibles. La diversidad se tiene que ver para poder recibir una atención de mejor calidad.
  2. Espacios especializados. Como residencias (que son solamente para personas dependientes) y centros municipales para mayores LGBT, de la misma manera que existen recursos específicos para, por ejemplo, mujeres o personas con enfermedades crónicas.
  3. Tener personal formado y especializado. Que dignifique a todas las personas, que “comprenda cuál es tu situación” y que “sepa trabajar contigo”, sentencia Armenteros.
  4. Espacios intergeneracionales. Donde todos sean bienvenidos y permitan luchar en grupo contra la soledad no deseada a través de la vida en comunidad.