No nacemos aprendidos. Así como todo electrodoméstico, producto o programa informático viene con su manual de instrucciones, los seres humanos llegamos a este mundo sin un manual de usuario. Tampoco, en la mayoría de los casos, alcanzamos el anhelado estado de felicidad como una vivencia espontánea sin que requiera nuestra voluntad y nuestro esfuerzo. De ahí la importancia de un libro como "Equilibrio", en el que el doctor Daniel López Rosetti, prestigioso cardiólogo, especialista en estrés y profesor, nos ofrece una suerte de “manual del usuario” para intentar alcanzar el equilibrio y el bienestar que tanto deseamos. También ha escrito otros éxitos como “Estrés, epidemia del siglo XXI” y “Emoción y sentimientos”.  

Partiendo del desenmascaramiento de la falsa dicotomía entre razón y emoción, el autor realiza un acercamiento transversal a la cuestión, a modo de fascinante viaje por la historia, la filosofía, la psicología y la neurociencia. Recurriendo a ejemplos históricos, casos médicos, metáforas y analogías esclarecedoras, López Rosetti corrobora que "no somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan". Esa indisoluble y compleja combinación de razón y emoción que nos constituye es en gran medida plástica, maleable, y la clave de nuestro bienestar se halla en encontrar el equilibrio entre pensar, sentir y decidir. Tarea difícil, sin duda, pero para la que descubrimos valiosas pistas y numerosas referencias en este libro. El modo en que pensamos y cómo sentimos determinan nuestras decisiones. Y nuestras decisiones, a su vez, configuran aquello que somos. En mayor o menos medida, las decisiones que tomemos nos permitirán alcanzar el ansiado bienestar. Eso que muchos llaman felicidad.

Portada de Equilibrio. Manual de usuario

La razón: una novedad evolutiva

Durante los millones de años de evolución de nuestra especie han surgido en nosotros sensaciones, emociones, sentimientos y finalmente una novedad evolutiva: la capacidad del razonamiento. De esta forma, quedó constituido nuestro ser como una compleja articulación entre los procesos racionales y los emocionales, por tanto, no existe el pensamiento emocionalmente neutro. Somos el resultado del equilibrio entre esas dos funciones que nos determinan, un equilibro nada estático. Muy al contrario, se trata de un proceso dinámico que apunta a alcanzar la mejor versión de nosotros mismos. Por tanto, es falsa esa dicotomía entre la razón y la emoción. La razón y la emoción son actores que entrelazan su juego con límites difusos y porosos. La mente es una sola.

 

Falso conflicto: razón versus emoción

Resulta evidente que, en nuestra época y de manera general, la razón y la emoción aparecen enfrentadas, en conflicto. Su abordaje dicotómico en Occidente es una cuestión cotidiana, cuando claramente no debiera ser así. Si bien existen muchas diferencias entre estos dos conceptos, en realidad forman parte indisoluble de nuestro funcionamiento mental integrado. El falso conflicto entre ambas se debe a cuestiones de orden estrictamente cultural. Por eso es necesario destacar que una no excluye a la otra en absoluto, sin embargo, ese abordaje diferencial explica las diferencias dicotómicas entre la razón y la emoción que hoy los occidentales experimentamos. Entender de qué se trata cada una puede facilitar la integración de la razón y la emoción en nuestra mente occidental y la búsqueda del equilibrio que nos permita el bienestar.

Mente racional

La inteligencia emocional

La emoción nos acompaña desde hace millones de años, mientras que la razón es una recién llegada en nuestro largo proceso evolutivo. Por eso el autor afirma que no somos seres racionales, sino que somos seres emocionales que razonan, que no es lo mismo. Se adjudicó la palabra inteligencia a los procesos racionales, dejando de lado las emociones y sentimientos. Es más, se afirmaba que eran propias de los animales, y que los humanos debíamos domesticarlas.

Pero hace años nos dimos cuenta de que la razón no era suficiente para alcanzar el éxito, el bienestar y mucho menos la felicidad. Se reconoció que las emociones tienen su propia inteligencia y que la razón era necesaria para alcanzar el equilibrio. De todo esto nació el término inteligencia emocional que está tan de moda.