Como el irresistible Christian Grey en Cincuenta sombras de Grey, son muchas las personas, especialmente hombres, que son fetichistas. El fetichismo consiste en sentirse sexualmente excitado ante la visión o el contacto con determinados objetos o por determinadas partes aparentemente no sexuales de la anatomía masculina o femenina. Desde los pies a las uñas de las manos o el cabello, pasando por la lencería, las corbatas, los zapatos de tacón u objetos más 'especiales' como antifaces, ropa de látex, máscaras o disfraces? son muchos los elementos que pueden despertar el deseo de un fetichista.

Excitante para unos, rareza para otros, ser fetichista puede ser un condimento a una relación sexual, siempre que las dos personas se sientan cómodas con ello. Si la pareja sexual se presta a que el otro pueda disfrutar de su objeto fetiche, por ejemplo, si le excitan los ligueros llevarlos puestos durante el acto sexual, puede convertirse en un juego del que disfruten los dos. El problema está cuando el otro no se siente cómodo con ello y el fetichismo entorpece nuestras relaciones, especialmente cuando la persona sólo es capaz de excitarse en dichas circunstancias.

Por supuesto, el fetichismo puede ser también un placer solitario. Una persona fetichista puede aumentar su libido al ver o tocar ropa interior que haya estado en contacto con la persona deseada o tener fantasías, por ejemplo, en las que aparezcan zapatos de tacón. Cuando se convierte en un comportamiento obsesivo o afecta directamente a nuestras relaciones es aconsejable acudir a un especialista.