¿Embellece dejarse llevar por los placeres o privarse de ellos?

Dejarse llevar por los placeres for ever: las anchoas, el queso parmesano, las siestas, el champagne, decir lo que pienso, hacer lo que me da la gana… Y más champagne.

Un sabor.

Anchoas con dulce de leche. Es una combinación genial que disfruto cada vez que voy a La Pepita, en Barcelona.

Un olor.

Las mimosas en febrero.

Un rincón.

El hotel La maison blue en la Casamance (Senegal). Un lugar increíble con bungalows de madera muy sencillos al borde de una kilométrica playa desierta… Y es poco conocido. Lo lleva un francés que cocina muy bien, con producto local. Y no es nada caro.

¿Qué es el bienestar?

Un estado transitorio que nunca dura lo suficiente.

Como elixir de belleza, ¿copa de cava o taza de té verde?

Varias copas de cava.

Tu rutina de cuidado de la piel.

Ahora estoy enganchada a un serum mágico que compré en un viaje. Pero yo no soy de rutinas, me canso en seguida y creo que eso es parte del truco para mantener la piel joven. Creo que envejece estar todo el rato pendiente de no envejecer.

Tu mejor compañero/a de mesa y copas.

Un amigo japonés que ama la comida tanto como yo. Es de todos mis amigos el que tiene mejor saque (que no sake).

Tu mejor experiencia de bienestar.

Un spa en Saint-Malo que tiene los mejores tratamientos de algas del mundo.

Qué te divierte más, ¿vivirlo o contarlo?

¡Vivirlo, por supuesto! Pero me encanta compartir las cosas después de disfrutarlas. Y lo hago contándolo en mi blog y en Instagram.

Tu canción de invierno.

El tema Falling leaves versionado por Bob Dylan.

¿Qué es la belleza?

El rayo verde antes de que el sol se ponga definitivamente.

Te reencarnarías en…

Marmota.

¿Cómo cuidas tu mente?

Fatal. Soy mi peor enemigo. Me castigo con un látigo a menudo y le doy demasiadas vueltas a las cosas. Y esto siempre lleva a malinterpretar. Muchas veces intento dejar de hacerlo pero a los cinco minutos vuelvo a caer. Me gustaría darme vacaciones de mí misma.

¿Cómo cuidas tu cuerpo?

Aún peor que la mente. Ya sé que debería decir que hago hot yoga y Pilates y mindfulness y todo eso pero… ¡Me aburren!

Un momento del día.

Las ocho y cuarto de la tarde de un día de verano cuando todavía hace sol.

Algo que te produzca un goce estético.

Los campos de olivos.

Algo que te dé fuerza.

Hacer lo que parecía imposible. Este verano subí una de esas montañas que según los del lugar pueden recorrerse en tres horas y que luego resulta que son seis horas de subida y otras tantas de bajada. Te juro que no sé cuál es el truco para poder aguantar en el camino, pero creo que tiene que ver con la cabezonería y con saber que arriba te espera una gran subida de endorfinas. Y así fue: el subidón me llegó.