Un profesor con graves problemas de visión podría ser beneficiario de una pensión de incapacidad total, que le protegería económicamente por no poder ejercer su trabajo habitual. O parcial en caso de que simplemente le provocara obstáculos para hacerlo, pero no precisara abandonar su ocupación. Y si, por ejemplo, su patología visual empeorara y superara ciertos parámetros, provocando limitaciones para cualquier tipo de empleo, podría tener derecho a un grado más elevado de invalidez: la incapacidad absoluta o una Gran Invalidez.

No existe una lista oficial de patologías que el INSS tenga como referencia para conceder o no este tipo de pensiones

Estos y otros muchos ejemplos son los que podemos encontrar si hablamos de incapacidad permanente: una prestación que ofrece la Seguridad Social por no poder desarrollar una actividad laboral, en mayor o menor medida, debido a una enfermedad o lesión. Pero no hay una lista oficial de patologías que el INSS tenga como referencia para conceder o no este tipo de pensiones. Lo que se valora es si la dolencia tiene síntomas o secuelas que sean invalidantes. De ahí que una misma patología puede ser causa de invalidez para una persona, pero no para otra.

No obstante, y teniendo en cuenta que muchos casos de incapacidad permanente acaban ante los tribunales por las escasas pensiones de incapacidad que concede la Seguridad Social, el despacho Campmany Abogados ha elaborado un listado de las enfermedades incapacitantes en España. Una relación de afecciones que son frecuentes en muchas sentencias judiciales favorables al trabajador.

Enfermedades psiquiátricas
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Enfermedades psiquiátricas

Las limitaciones para trabajar que conlleva, por ejemplo, padecer Alzheimer o una depresión severa, son en muchas ocasiones motivo suficiente para que sea reconocida una incapacidad. Lo mismo ocurre con la agorafobia, la esquizofrenia o el Trastorno Bipolar, que también son patologías que pueden conducir a ser tributario de una invalidez.  Junto a esta clase de trastorno, están otros como el obsesivo compulsivo (TOC), el de Estrés Post Traumático o el Trastorno Límite de Personalidad. Es muy común encontrar, entre otras, estas ocho enfermedades en sentencias donde el INSS es condenado a abonar la pensión que en su día denegó por el cauce administrativo.

Traumatología y reumatología
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Traumatología y reumatología

La lumbalgia y la hernia cervical son, en muchas ocasiones, origen de incapacidad permanente. Sobre todo, para ciertas profesiones que requieren esfuerzo físico. De igual relevancia en este sentido es la artritis psoriásica o la reumatoide, como el resto de enfermedades que afectan a las grandes articulaciones (hombro, codos, rodillas, caderas, manos y muñecas, pies y tobillos…). Sin olvidar la fibromialgia, la sensibilidad química o la fatiga crónica, históricamente polémicas pero que, ante la ley, y presentando los informes médicos adecuados, pueden ser razón de incapacidad.

Aunque también lo son otras dolencias menos conocidas como la espondilitis anquilosante, la sarcoidosis, la enfermedad de Behcet, la de Perthes y el síndrome de cola de caballo. Siempre que produzcan serias limitaciones para llevar a cabo un determinado tipo de trabajo -incapacidad total-, o incluso todos -incapacidad absoluta-.

Aparato respiratorio, nervioso y digestivoexcretor
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Aparato respiratorio, nervioso y digestivoexcretor

El Parkinson, la demencia, las migrañas -si son continuadas y severas-, las neuropatías, el ictus y la esclerosis múltiple son las seis principales enfermedades neurológicas por las que se puede solicitar una incapacidad con grandes garantías de éxito. Y en cuanto a las respiratorias, la EPOC, la apnea del sueño, el enfisema pulmonar y el asma profesional conforman los primeros cuatro puestos del ranking.

Mientras tanto, quienes están afectados de enfermedad de Crohn, obesidad mórbida, colitis ulcerosa e insuficiencia renal o pancreatitis -ambas crónicas y en estado avanzado- también tienen muchas posibilidades de lograr una prestación por invalidez. Aunque habrá que demostrar que el perjuicio al aparato digestivo y/o excretor en este caso afecta a la capacidad de ejecutar una profesión u oficio.

Ojos, oídos y corazón
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Ojos, oídos y corazón

La pérdida de visión y los problemas oculares graves, sea debido a un glaucoma, a una uveítis o a otras causas (como el desprendimiento de retina), pueden desembocar en una incapacidad permanente. El grado, no obstante, dependerá de la gravedad de la lesión. Lo mismo sucede con enfermedades como la hipoacusia o el síndrome de Meniere, que son las dos patologías auditivas que más frecuentemente aparecen en las sentencias de invalidez donde la balanza se inclina hacia el trabajador.

Y en materia de cardiología, hay seis que destacan sobre otras: cardiopatías, arterioesclerosis, enfermedades cardiovasculares, arteriopatías, insuficiencia mitral y taquicardias.

Oncología y otros
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Oncología y otros

Cuando se trata de cáncer, por el tumor en sí no se suele obtener una incapacidad, sino que la clave está en las secuelas del proceso oncológico (quimioterapia, radioterapia, etc.) En este sentido, es muy amplio el histórico de sentencias judiciales de invalidez por cáncer de pulmón, de recto o de mama.

Pero otras enfermedades para incapacidad permanente son, por ejemplo, el lupus o la dermatitis, que no se enmarcan en las categorías expuestas en este artículo. A propósito de ello, es necesario señalar que otras afecciones que tampoco se han englobado aquí también pueden derivar en una pensión de incapacidad, siempre que limiten para trabajar. Porque, si hablamos de incapacidad permanente, no “hay” enfermedades sino personas que enferman, o tienen una lesión que les impide ejecutar una actividad remunerada con un mínimo de rendimiento, eficacia y profesionalidad.

 

Por Jorge Campmany, socio director de CAMPMANY ABOGADOS