Su campaña de sensibilización contra el cáncer se inició en colaboración con los laboratorios Neumann Labs y ha conseguido que millones de personas sean partícipes de su lucha. Además, ha despertado la conciencia de las mujeres sobre la necesidad de hacerse exámenes médicos ginecológicos periódicos. Después de cinco años libre de síntomas, Szentesi ya afirma con tranquilidad haber superado el cáncer, aunque sigue relatando sin miedo el calvario por el que tuvo que pasar. Éste es su testimonio:

No creo en los milagros ni en la suerte, aunque muchos piensen que si estoy aquí es por cuestión de azar, ya que desde el punto de vista médico tenía pocas posibilidades de sobrevivir. Tampoco soy de las que piensan que exista un solo tratamiento correcto y milagroso. Creo que lo más importante para superar algo así es apretar los dientes y ser perseverante, agotar todas las oportunidades y sobre todo tener el apoyo de una familia unida.

En mi lucha contra el cáncer agoté todas las posibilidades que existían. Siempre tuve mis reticencias con respecto a la quimio y la radioterapia. Yo soy de las que piensa que son como un veneno para el cuerpo, pero no hay duda de que en estos momentos es el método más eficaz que tiene la medicina para combatir un tumor desarrollado y agresivo.

 

El tratamiento no es suficiente. ¡Para curarse hace falta algo más!

Cuando quise enfrentarme cara a cara con el cáncer, los dolores físicos ya eran insoportables. Ahí fue cuando bajé a la realidad y comprendí que mi vida estaba en riesgo.

Ese instante llegó en el momento en el que yo cumplía treinta años y el día de la celebración casi no podía ni caminar del dolor. A pesar de ello, decidí arrastrarme hasta el restaurante donde se iba a celebrar y al que mis amigos habían traído a mi pianista favorito. Nunca olvidaré ese cumpleaños. Cuando miraba a mi familia y a mis amigos pensaba: “este es mi último cumpleaños, no me queda esperanza”.

Ese terrorífico pensamiento fue el que me hizo darme cuenta de la gravedad de la situación. Hasta el momento me había negado a recibir cualquier tipo de ayuda que fuera más allá de la estrictamente médica. Rechacé cualquier tratamiento psicológico, pensando que no había nada que sanar dentro de mí.

Recordé entonces una frase que nunca olvidaré y que mi médico me había dicho durante la primera operación: “Te intervendremos y te trataremos hasta que tu organismo aguante, pero tu actitud va a ser un pilar fundamental en el progreso”.

 

El miedo a la muerte me hizo remover cielo y tierra para sobrevivir

A estas alturas ya no podía ni caminar y la primera psicoterapeuta que encontré tenía una lista de espera de dos meses. Le rogué que me atendiera cuanto antes porque tenía miedo de no llegar a vivir ni una semana más.

Finalmente accedió y vino a mi casa para que pudiéramos hablar, ya que casi no me podía mover. Ahí estaba yo acostada en mi sofá, tapada con una manta y preparada para comenzar una terapia que pensaba que no iba a servir de mucho. En realidad, no pensaba que un tratamiento así pudiera tener resultado alguno en mi cuerpo, pero la terapeuta me aseguró que no hacía falta creer en nada, que funcionaría de todas formas.  

En mi vida he llorado tanto como en esas dos horas. Vinieron a mi memoria recuerdos y traumas que se amontonaban uno tras otro, muchos de los cuales pensaba que había olvidado hace tiempo. A través de este periplo emocional y de un gran trabajo de introspección, descubrí que había grandes inseguridades en mí relacionados con mi feminidad, que me habían impedido sentirme completa y realizada. No quería tener hijos y ser madre me daba terror. Hubo momentos de mi vida en los que no podía ni mirarme en el espejo y con el tiempo eso había creado una coraza en mí que me impedía realmente ver los problemas desde un punto de vista objetivo. ¿Cuál fue el órgano que enfermó? Mi útero, el más relacionado con la maternidad.

A medida que iba dejando atrás las sesiones de quimio y radio, a pesar de que mi cuerpo estaba cada vez más debilitado, iba convirtiéndome en una versión de mí misma mucho más fuerte y segura. Mientras las cicatrices externas crecían, las que había obviado durante muchos años y estaban en mi interior iban cerrándose. Nunca pensé que el sufrimiento pudiera tener una cara B y en ese momento comprendí la definición del término perseverancia.

Ya no tengo problemas al enfrentarme a mis demonios internos o al tener que pedir ayuda, y esta es una lección que nunca voy a olvidar

 

Sigo trabajando en mí misma y siempre lo haré

La psicoterapia me enseñó a prestarme atención a mí misma, a mi estado, a mis sentimientos y a lo que realmente me hace sentir bien. Ya no tengo problemas al enfrentarme a mis demonios internos o al tener que pedir ayuda, y esta es una lección que nunca voy a olvidar. Creo que el tumor desarrollado no hubiese desaparecido solo con psicoterapia. Aunque, ¿quién sabe? No tuve la oportunidad de experimentarlo.

 

Creo que a veces es más difícil luchar contra nosotros mismos que contra el cáncer 

La gran pregunta que me hago es si podemos mirarnos a nosotros mismos y plantearnos el momento de nuestra muerte. El apoyo incondicional de la familia y los amigos es fundamental, solo por el mero hecho de ser conscientes de todo el amor que nos rodea.

Sigo pensando que no existen los milagros y que yo no tengo la receta para superar el cáncer. Cada uno dibuja su propio camino, aunque se trate de la misma enfermedad. Depende de muchos factores: si nuestro cuerpo aguanta las terapias, si aceptamos el tratamiento (no solo físico, también psicológico), si tenemos el apoyo de un entorno cariñoso y alentador, del dinero que tengamos en ese momento para dejar de trabajar, del profesional que nos trate y de si podemos enfrentarnos a nosotros mismos y plantearnos la fragilidad de nuestra existencia.

 

Todo tumor tiene naturaleza distinta, varía de persona en persona. No se pueden comparar. 

Muchos piensan, que después de un diagnóstico negativo, el paciente ya no tiene nada que hacer. Puede echarse para atrás, volver a vivir y darse chapuzones en el lago Balaton o el mar (cada quien por su lado). ¿Será así de verdad? Les contaré en la parte final de la serie.

Éva Szentesi

 

Prevención del cáncer de útero de Neumann Labs

El examen preventivo de cáncer (prueba citológica) puede no detectar incluso hasta el 30% de los casos positivos. Asimismo, no detecta casi el 50% de los casos que requieren cirugía preventiva. Neumann Labs ha desarrollado un método revolucionario para prevenir el cáncer de cuello uterino, siendo el primer paso una prueba de VPH que se realiza en casa. Easy HPV Test es capaz de identificar el 98,5% de los casos graves previos al cáncer y de cáncer manifiesto, según los exámenes clínicos realizados. Con Easy HPV Test la toma de muestra se puede hacer fácilmente de forma rápida, segura y cómoda en el entorno doméstico.