Seguro que más de una vez te ha surgido la duda: ¿cuál es el equivalente femenino a la eyaculación? Y sí, es posible que al indagar un poco hayas asumido que lo más parecido es el conocido fenómeno del squirting, en el que la vagina parece convertirse en una especie de grifo a presión y empieza a expulsar líquido en cantidades pasmosas.

Lo más seguro es que, debido a la difusión de la pornografía y a falsas ideas preconcebidas (y muy alejadas de la realidad) hayas asumido que se trata de una especie de “don” o capacidad reservado a unas pocas.

Pero lejos de ser así, miles de mujeres pueden experimentar diariamente en su propio cuerpo este tipo de eyaculación, que de hecho forma parte de una reacción natural de la mujer que puede ocurrir durante la excitación sexual y que puede ir acompañado de orgasmo o no. A esto cabe señalar que no, no tienes por qué convertirte en una manguera humana para conseguirlo.

Según la Sociedad Internacional para Medicina Sexual, de hecho, entre el 10% y el 50% de las mujeres eyaculan durante las relaciones sexuales. Sin embargo, en ocasiones la eyaculación sucede en forma de fluidos que pueden pasar desapercibidos, y a esto se suma que la sensación y cantidad de eyaculación varía considerablemente según la mujer.

 

¿Y qué es, en realidad, la eyaculación femenina?

Pues se trata de la secreción de unas glándulas que tenemos las mujeres y que se encuentran junto a la uretra, conocidas como Skene o glándulas parauretrales, una zona que podríamos denominar la próstata femenina. Éstas se encuentran localizadas en la pared delantera interior de la vagina, cerca del conocido punto G. Diversas investigaciones apuntan a que la estimulación de dicha zona puede llevar a que estas glándulas produzcan fosfatasa ácida prostática, una e las sustancias que contendría la eyaculación femenina.

Por ello, el factor quizás más importante aquí sea aprender a localizar el famoso (y polémico, puesto que muchos estudios niegan su existencia como tal, y lo atribuyen a una parte del conjunto de clítoris) punto G. Sí, ese dichoso punto que no deja de ser todavía un gran desconocido, ya que no todas las mujeres lo tenemos del mismo tamaño ni en el mismo lugar exacto.

El proceso por el que una mujer puede llegar a eyacular la célebre secreción líquida y transparente sucede cuando estas glándulas, al ser estimuladas, se llenan de líquido hasta que llega a un punto en el que, si la mujer consigue relajarse, se expulsa tímidamente, en salpicaduras, o como el mismísimo chorro de una fuente.

 

Pero… ¿Por qué no todas las mujeres eyaculamos?

La respuesta a esta pregunta, en realidad, está íntimamente relacionada con nuestra ignorancia individual y colectiva sobre este tema. Como la próstata femenina se encuentra tan cercana a la uretra, sucede que cuando la primera se engrosa mucho, en la segunda se activan los receptores nerviosos sensitivos que mandan la señal de que “nos estamos haciendo pipí”.

Como no sabemos exactamente lo que nos está sucediendo en plena excitación, muy frecuentemente nuestro cerebro traduce el mensaje por “vejiga llena, hay que orinar”. En ese momento, en la mayoría de los casos, lo más probable es que perdamos ese estado de relajación, por lo que dejamos de estimular esa zona, o incluso que intentemos orinar y nos demos cuenta de que nos cuesta bastante trabajo, precisamente porque no era orina lo que teníamos que extraer, sino líquido prostático.

 

¿Existe algún consejo que me pueda ayudar a eyacular?

Aunque se trata de un proceso natural en el cuerpo de las mujeres, no es algo en lo que, en general, tengamos práctica, por lo que es posible que muchas de nosotras no lo consigamos nunca. ¡Pero no desesperes! Es importante que tengas en cuenta que el hecho de eyacular no está relacionado con la calidad del sexo ni de tus orgasmos.

Dicho esto, y a sabiendas de que cualquier nueva experiencia sexual puede ser siempre estimulante y enriquecedora, tómatelo como un juego:

  1. Mentalízate de que se trata de fluidos naturales. Por lo tanto, no sientas apuro porque se te pueda escapar un poco de pipí o puedas llegar a manchar tus sábanas, ya que sería lo más natural del mundo.
  2. Coméntalo con tu pareja. Si no estáis familiarizados con la práctica, leed artículos juntos, informaros sobre ello, así evitaréis que la experiencia eyaculatoria os pueda sorprender de forma negativa.
  3. Practica sola. Si quieres sentirte con más confianza para compartir esta experiencia con tu pareja, siempre puedes practicar tú sola previamente. Los dildos o vibradores también te pueden ser de utilidad.

Dicho esto, recuerda: ¡no te agobies si no lo consigues! Hoy en día el tema de la eyaculación femenina sigue siendo un enigma incluso para la comunidad científica. Por lo que simplemente relájate, ¡y disfruta de la experiencia!