Su nombre científico es Nymphaea caerulea, procede de Asia y se encuentra en zonas pantanosas. Existen muchas variedades, por ejemplo, sólo en China se conocen más de 300 tipos de loto. Esta planta es símbolo de pureza y está asociada con la longevidad, ya que se han encontrado semillas de más de 7.000 años. Por otra parte, en el Antiguo Egipto ya se aprovechaban las cualidades aromáticas y terapéuticas de la flor de loto e incluso se utilizaba para la alimentación.

En la cultura de la India, la flor de loto es símbolo de divinidad, riqueza, conocimiento y fertilidad. Entre sus propiedades destacan sus poderes calmantes y tranquilizadores, aunque seguramente uno de sus usos más popularizados es como aromatizante (ya sea en forma de aceite, de perfume o de ambientador). Asimismo, aplicada sobre la piel, favorece la hidratación, la circulación y la luminosidad del cutis y, en general, mejora la textura y el estado de la piel del rostro.

La flor de loto contiene ácido linoleico (esencial para el organismo), vitaminas B y C y hierro, entre otros minerales y nutrientes. Todos ellos convierten esta planta en un buen tratamiento antioxidante. Tomar té de flor de loto no sólo aportará nutrientes al organismo, sino que puede mejorar la salud en general e incluso tratar problemas de digestión y úlceras gástricas.