1.“Esto también pasará”

Es una frase real, memorízala. La tristeza tiene una duración determinada. Puede parecer increíble, pero es cierto. En ello insisten Álex Rovira y Francesc Miralles. La tristeza es el reverso de la alegría y está ahí para decirnos que algo va mal. Ambos nos recomiendan anotar aquello que nos supuso tanta tristeza en el pasado (ruptura amorosa, pérdida de un ser querido, un despido...) y cómo fuimos capaces de superarlo. Aplica ahora esa misma estrategia.

2. La actitud sí cuenta 

Trabájala y define un plan. Nada cambiará en ti si no pones de tu parte para que suceda. La pereza y el egoísmo suelen ser los causantes de no hacer ese cambio de actitud con alegría. Piensa en alguna situación ante la que no reaccionases de manera adecuada, con malas formas, analiza sobre el papel qué hiciste y trata de reescribir cómo te habría gustado actuar. Aplica, siempre que tengas ocasión, ese nuevo plan de actuación.

3. Cumple lo incumplido

Si eso te importaba, sería por algo. Querías estudiar y no lo hiciste, escribir ese libro y lo dejaste, o aprender ese idioma y no te viste capaz. Seguro que todo eso es posible hacerlo ahora. Prioriza tus obligaciones, pero saca tiempo para tus deseos. Que no se acumulen en una lista de frustraciones que te restarán dosis de autoestima. Es más, seguro que mantienes sueños de la infancia que aún hoy podrías aprender y poner en práctica. Prémiate y alimenta tu motivación.

4.Fíjate en tu perro

Él fluye y nosotros deberíamos hacerlo también. Tu perro mueve la cola al verte, da saltos de alegría, celebra tus idas y venidas, tus caricias, sus prioridades básicas y el juego. De su humor y sus reacciones puedes aprender. También nosotros, ante la alegría, nos movemos más, gesticulamos, celebramos con comida y reaccionamos ante las caricias. Así que observa a tu perro e incorpora en ti su capacidad para fijarse en un objetivo –sin sucumbir a tantas distracciones–, sus reacciones espontáneas y su entrega al descanso.

Encontrar la alegría con amigos

5.¿Te alegra verle?

Piensa en las personas sembradoras de alegría. El experto en motivación Jim Rohn afirma que somos la media de las cinco personas con las que pasamos más tiempo. Pregúntate cómo es ese top 5: si son optimistas, si se alegran de tus éxitos, si se esfuerza por lograr sus objetivos y si te escuchan. Si algo falla, reduce el tiempo que pasas con ellas o aléjate. Es algo radical, dicen los autores, pero es la mejor forma. A su vez, piensa en las personas de tu entorno que te causen buenas sensaciones: son los sembradores de alegría. Pasa más tiempo con ellos. Te transformará.

6.No te creas todo lo que crees.

Deja los prejuicios. Nos equivocamos muchas veces por culpa de tópicos y generalidades que se contagian. Reflexiona sobre creencias del tipo: “No puedes confiar en nadie”, “hagamos lo que hagamos no hay solución” o “todos son iguales”. De tanto que te las crees, acaban por gobernar tu vida. Deja de creértelas para que, por fin, empiece a generarse el cambio. Porque hay creencias que no te permiten avanzar. Repítelas en voz alta cada día y pon atención en las señales que te dicen lo contrario. Cuestiona la fuente de tus prejuicios.

7.El paseo creativo

Camina y piensa, ambas cosas van de la mano. Hazlo en solitario, sin prisa, con tiempo y sin distracciones más allá del paisaje (que deberías ir cambiando de vez en cuando). Mientras paseas no te olvides de tus manos: según un estudio de la Universidad de Michigan (EE UU) cuando estamos inmersos en nuestro pensamiento, el movimiento de manos nos ayuda a crear mejores ideas. Además, respira profundamente y analiza tus problemas. Paso a paso encontrarás ideas y.… Soluciones. Recuerda que los filósofos de la antigua Grecia daban grandes caminatas.

8.Refuerza esos vínculos

Rompe con los que te contaminan. Mucho se ha hablado de las relaciones tóxicas. Una vez identifiques aquellas personas que te restan, limítalas en tu vida. Si romper ciertos vínculos te resulta imposible (hay familiares que siempre estarán ahí), pon de tu parte para que su comportamiento no afecte a tu autoestima. La clave es reforzar tu círculo de confianza revisando tus relaciones y observa si te satisface tu actitud: si no es así, trata de cambiar por tu bien y por el bien común.

9. Organiza tus recuerdos

Vuelve a ellos de vez en cuando. El pasado no debe ser un ancla que no te permita avanzar. Recurrir a grandes (y buenos) momentos vividos, conservados en fotografías, recuerdos, anotaciones, cartas, libros, mensajes en tu móvil... Puede ayudarte a conectar con esas emociones positivas. Por tanto, organízalos y recurre a ellos cuando lo necesites, pero siempre para mirar hacia adelante. En momentos de estrés cierra los ojos y visualízalos.

10. Practica la ternura

Los abrazos son gratuitos (y efectivos). La terapia de caricias funciona. El tacto es uno de los sentidos menos valorados, pero emocionalmente debería ser el primero de la lista. Los estudios demuestran que una caricia afectiva, caracterizada por una estimulación lenta de la piel (que abarca entre 1 y 10 cm por segundo), causa emociones placenteras y mejora los síntomas de la ansiedad. La terapeuta Virginia Satir dice que “necesitamos cuatro abrazos diarios para sobrevivir, ocho para mantenernos y 12 abrazos para crecer”.

11. No se vale criticar a nadie

Te sentará mejor. Las críticas pueden volverse en tu contra porque, de entrada, estarás inmersa en una nube de negatividad de la que te será muy difícil salir. Hablar mal de los demás, no hacer autocrítica, reaccionar de mala gana y justificar tus formas por las de los otros son comportamientos que deberías evitar. Juzgar a los demás es un hábito muy común en las personas frustradas. Para empezar, practica el ayuno de críticas al menos un día a la semana. Esta recomendación de Álex Rovira y Francesc Miralles hará que al final del día te sientas mejor. También te valdrá cuando las críticas son hacia ti misma. Hazlo varios días a la semana y te resultará liberador. Al final es probable que dejes esta mala costumbre.

12. Haz de pigmalión

También para ti misma. Elige a una persona a la que quieras y ayúdala en sus objetivos: transmítele que podrá conseguirlo, cree en ella, anímala y sigue sus avances. Hazle de Pigmalión. Y aplícatelo a ti. La confianza en uno mismo, aunque sea contagiada por un tercero, puede darnos alas. Nuestro sistema límbico acelera la velocidad de nuestro pensamiento, incrementa nuestra lucidez y energía, y en consecuencia, nuestra atención y eficiencia, explica Rovira.

13. Aligera tu mochila

Haz listas de aquello que te pesa. Hay piedras muy pesadas que vamos acumulando en nuestra mochila emocional. Haz una lista identificándolas y, cada semana, despréndete de una de ellas. Los autores de Alegría hablan de piedras de la mente (los prejuicios), del corazón (las personas tóxicas), pesadas (los objetos) y cotidianas (como la pereza y la resignación). Se trata de hacer limpieza de aquello que nos sobra: más ligeras podemos volar con facilidad.

14. Lo natural es estar alegre

La naturaleza te ayuda. Te relajará, abrirá tu mente y te ayudará a concentrarte. Los baños de bosque, propios de Japón, es caminar en plena naturaleza poniendo atención al olor de las plantas, al ruido del viento en los árboles... Localiza un espacio verde, acude a él al menos una vez por semana y sumérgete en la experiencia. Que el sonido de la naturaleza no provenga solo de la alarma de tu móvil.

15. Ahora es tu momento

Vive, sobre todo, en el presente. “La alegría tiene su hogar en el presente. Deja de lamentarte y de preocuparte”, comentan los autores. No es ser inconsciente sobre lo que vendrá o sobre lo que pasó y ya no tiene remedio. Su consejo es tratar de sumar alegrías: observa un cuadro que te guste durante unos minutos, concentrada; cierra los ojos y escucha una canción; cuando comas, saborea y recréate en tu plato. Son técnicas para que pongas el foco en el presente. Practica el mindfulness.