1. Imaginación al poder

Un plato típico de la gastronomía catalana es la coca de recapte. Antiguamente, las familias llevaban a la panadería todo lo que recababan de la nevera y se lo devolvían todo cocinado como una especie de pizza. Tirando de aquello de 'el hambre agudiza el ingenio', deja que fluya la imaginación en los fogones. Las croquetas o el cocido, entre otros, permiten variaciones de guion en la cocina.

2. Una buena planificación

Ir a comprar siempre con una lista o planificar el menú para toda la semana te permitirá alcanzar dos objetivos de una tacada: ahorrar dinero y evitar el desperdicio de alimentos.

3. Con un ojo en la fecha de caducidad

Ordena los productos en la nevera en función de la fecha de caducidad y prioriza el consumo de todos aquellos que estén más cerca. Cuando vayas al supermercado, no olvides consultar la fecha antes de colar el producto en el carro.

4. Ecológicos en la cocina

Reutilizar alimentos, además de ayudarte a no desperdiciar alimentos, puede contribuir a darle un toque más personal a tu cocina. El aceite con el que fríes las patatas para la tortilla puede ser empleado varias veces si lo cuelas debidamente después de usarlo. Además, puede servirte para freír o sofreír otros alimentos y aportarle un toque diferente. Lo mismo sucede con el agua con la que hervimos las verduras. Congélala o guárdala en la nevera, en función de cuándo vayas a usarla, y reutilízala, por ejemplo, para cuando hiervas la pasta o para el agua del sofrito del risotto.

5. Evitar el gatillo fácil

Antes de pisotear el pedal del cubilete de basura y deshacerte de cualquier alimento, por el motivo que sea, plantéate cómo podrías evitarlo, cómo podrías reconvertirlo. Algunos trucos:

- Las patatas chips pasadas por el microondas a máxima potencia durante 10 segundos son un fantástico snack.

- El pan duro puede convertirse en un picatoste ideal para las cremas y sopas de verduras.

- Las esponjas de fregar los platos pierden hasta el 99% de los gérmenes después de dos minutos en el microondas.

- Si el apio está demasiado blando, ponlo en un recipiente con agua fría y unas rodajas de patata cruda. En aproximadamente una hora, con el almidón, el tallo volverá a estar crujiente.