“La gordofobia es la discriminación a la que nos vemos sometidas las personas gordas por el hecho de serlo. Hablamos de humillación, invisibilización, maltrato, ridiculización y marginación contra un grupo de personas por tener una determinada característica física: la gordura”. Así lo define Magdalena Piñeyro en su nuevo libro 'Diez gritos contra la gordofobia' (ed. Penguin), una denuncia contra un tipo de discriminación que está muy presente en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Un libro que nos enseña cómo es imprescindible liberarnos de unos cánones de belleza imposibles establecidos por la sociedad.

La semana pasada tuvimos la oportunidad de reunirnos con Magdalena en una entrevista en la que nos explicó cómo la gordofobia es una opresión omnipresente y que incluso las personas que padecen obesidad la llegan a ejercer contra si mismos. Tal es la fuerza de los estereotipos de la sociedad, que muy a menudo ni siquiera somos conscientes de que estamos perpetrando comportamientos gordófobos, por ejemplo a la hora de seguir o recomendar dietas de adelgazamiento que poco tienen que ver con un estilo de vida saludable.

Y sí, dejando de lado los beneficios que aporta llevar una vida sana, hacer ejercicio, comer bien, y otros hábitos que son buenos para todos, ahora hablamos de autoestima, de cómo esta discriminación gordófoba puede afectar a la salud mental de muchas personas y desembocar en trastornos alimenticios como la anorexia o bulimia. Por ello es tan importante saber diferenciar entre lo que son los hábitos saludables, y el hecho de querernos a nosotras mismas y aceptarnos tal y como somos.

Piñeyro, licenciada en Filosofía y máster en Estudios de Género e Igualdad, nos cuenta cómo estuvo casi 30 años de su vida habitando su cuerpo “llena de dolor”, y cómo la invadía “el deseo constante de ser otra, de habitar otro cuerpo”. Estos pensamientos autodestructivos la llevaron poco a poco a darse cuenta de que quizás el problema no era solo suyo, sino del mundo, que rechaza a un colectivo por motivos meramente físicos, sin tener en cuenta la validez, el potencial, y todo lo que hay más allá de esos kilos de más. Así es cómo nació Stop Gordofobia, una plataforma que se alza con el objetivo de concienciar sobre un tipo de discriminación muy extendida, pero poco denunciada.

 

¿En qué momento de nuestras vidas crees que somos más susceptibles a desarrollar tendencias gordófobas o padecer este tipo de discriminación?

Yo creo que la gordofobia es algo que se va metiendo en nuestras mentes desde muy pequeños, tanto si eres gorda como si eres delgada, porque al final la idea está en la cabeza de todas las personas y, al igual que el machismo o el racismo, forman parte estructural de nuestras sociedades. Por eso creo que desde la infancia se comienza a ser gordófobo, es más, hay muchos casos de bullying escolar porque ya hay una tendencia gordófoba entre las personas más pequeñas. Es precisamente en esas edades en las que hay que incidir, y por lo que la educación juega un papel tan importante.

¿Crees que existe alguna diferencia entre la gordofobia que padecen hombres o mujeres?

La fobia la sufren o la sufrimos toda persona gordas, sin distinción. Ahora, es cierto que el hecho de ser considerado gordo o gorda varía según el género, porque las mujeres solemos sufrir gordofobia en cuanto nos  salimos del canon 90 60 90. Sin embargo, ser considerado gordo para los hombres es más difícil, ya que se suele potenciar una imagen de la mujer más delgada y frágil, mientras que de los hombres se espera que sean grandes y fuertes. Por si todo esto fuera poco, para nosotras el canon de belleza es inseparable a la delgadez, por lo que es algo exigido para considerarnos válidas en la sociedad. Por lo tanto, en el momento en el que no cumples con estos estereotipos quedas rechazada por la sociedad.

Existen en la actualidad diversos movimientos que reivindican una imagen más ‘real’ de la mujer, sobretodo en las redes sociales, como el ‘body postive’. ¿Crees que estas nuevas tendencias están realmente cambiando la forma de aceptar nuestro cuerpo tal y como es?

Yo creo que cada vez, por suerte, son más las mujeres que están tomando conciencia de cómo nos manipulan la imagen de nosotras mismas. Hay un magnífico cortometraje chileno que se llama Zapas, en el que se contrapone la imagen de la típica mujer chilena con el de la despampanante rubia de ojos azules, que no tiene nada que ver con ellas. Yo creo que cada vez somos más conscientes de ese contraste. Creo que cada vez vamos hacia mejor, pero es difícil aceptar una diversidad corporal ‘real’.

Por ejemplo, el hecho de hablar “las mujeres reales” lo demuestra. Todas somos reales. Sin embargo, a veces parece que haya un discurso en el que unas son más reales que otras. Por ejemplo, el ‘body positive’ promueve mucho la idea de que tienes que quererte como eres, pero hasta la talla 44. Si la sobrepasas, también dirán que debes adelgazar por motivos de salud. O sea, que sí existe un doble rasero, un límite para la diversidad y la aceptación corporal.

Yo pasé de estar discriminada porque no cumplía con la norma de la delgadez a sufrir discriminación por no cumplir con la norma de la gordura, una gordura que se refleja en la imagen de la ‘gordibuena’, esa mujer ‘grande’, proporcionada y que se viste divina. Debemos buscar una situación de diversidad más amplia; aceptar que cada persona es única, que cada uno tiene derecho a vivir el cuerpo como mejor pueda.

Hemos de aceptar esa diversidad, que cada uno es como es, y que no podemos luchar siempre ni contra los kilos, ni contra el paso del tiempo, ni contra las arrugas, ni contra las canas… Somos como somos, y cuanto antes nos aceptemos, mejor.

¿En qué ámbitos de la sociedad crees que se siente más la gordofobia?

Mucha gente me manda testimonios de momentos en los que han recibido una discriminación laboral, e incluso muchas de nosotras sufrimos ‘autogordobobia’, es decir, que en determinados sectores laborales “sabemos” que no nos van a contratar porque no cumplimos con unas expectativas físicas concretas.

Indirectamente, sabemos de algún modo “cuál es nuestro lugar” y, aunque nuestro curriculum esté a la altura del puesto de trabajo, nos abstenemos siquiera de intentarlo. Y luego también hay casos de discriminación real, en los que a los candidatos se les ha especificado claramente que no podían ser seleccionados por su condición física. Esto desemboca en que las oportunidades laborales para nosotros sean más reducidas, lo que crea una situación de clara exclusión social.

En la moda también hay cierta discriminación con el tallaje, por ejemplo. A mi me ha pasado: ves un pantalón súper bonito en una tienda y cuando buscas tu talla encuentras que los modelos que tienen ya no son iguales, que son en otro color o no son tan bonitos. Y sientes como si no tuvieras derecho a adornar tu cuerpo. Esto afecta sobretodo a las adolescentes, ya que están en una época en la que su cuerpo está creciendo. Sí, yo he llegado a tener un pantalón de la talla 48 y otro de la 56. Imagina cómo puede afectar esto a la autoestima de una chica en plena adolescencia.

¿Cuáles son las iniciativas que está llevando a cabo actualmente desde vuestra asociación para atacar el problema de la discriminación gordófoba?

Tenemos una presencia muy activa en redes. La iniciativa contra la gordofobia nació simplemente como un espacio de encuentro entre gente que queremos hablar de discriminación. Nuestro papel en las redes es sobre todo hablar con gente que necesita ser escuchada y compartir sus historias para denunciar las cotidianidades gordófobas que sufrimos las personas gordas. Compartir todo tipo de información gordófoba o anti gordófoba como base para denunciar esto y compartir imágenes que hagan apología de una diversidad corporal, de la existencia de distintos tipos de cuerpos en el mundo.

Nuestra idea fue la de crear un espacio de tranquilidad, para compartir y concienciarnos de qué es la gordofobia. Ahora estamos difundiendo ideas y difundiendo diversidad y llegó un momento en el que a algunas de nosotras nos empezaron a invitar a dar charlas en distintos lugares de España. Ahora queremos ampliar nuestra labor y dirigirnos a un público adolescente, ya que ahí es donde creo que se puede hacer un cambio, ya que están en una situación de mucha vulnerabilidad, y necesitan un discurso alternativo, un discurso contra la hegemonía del cuerpo. Yo misma, por ejemplo, perdí muchas oportunidades en mi vida por culpa de la gordofobia, y es que en la vida todas tenemos derecho a existir con nuestro cuerpo y a no ponernos limites.