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Cómo distinguir el hambre de la ansiedad

Cuando la cabeza se dispara es fácil confundir la necesidad de comer con el antojo, el deseo de llevarse algo a la boca. Aprende cómo identificar si realmente estás hambriento.

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Objetivo Bienestar

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El estrés, el aburrimiento o las dietas son los tres elementos que más problemas dan a la hora de determinar si se estamos hambrientos o sólo tenemos el deseo de llevarnos algo a la boca. Si hay una necesidad real de ingerir alimentos o si estos son sólo un vehículo para calmarnos o entretenernos.

Comer cuando existe hambre y no para aplacar ningún otro sentimiento es el escenario ideal. Es más placentero y mientras que el deseo de comer es insaciable, cuando existe una necesidad real nuestro organismo determina cuándo se ha saciado. Los antojos sólo se detectan a posterior. Instantáneamente en el último bocado tomamos conciencia. No era hambre, no nos sentimos saciados.

Si quieres saber cuándo tienes hambre real o dotarte de estrategias que te permitan reducir el deseo de comer, toma nota.

Tómate un minuto
Cuanto mayor sea el impulso de comer, más necesario será que pares un segundo y averigües si realmente tu organismo necesita comer. El hambre es una cuestión física y el cuerpo puede ayudarnos a distinguirla de muchas formas: rugido de tripas, sensación de mareo, debilidad, etc.

Identifica los disparadores
En España la gastronómica es casi un hecho social, por eso conviene identificar todos los elementos que nos inclinan a comer y, como decíamos antes, responder honestamente. ¿Tengo hambre?

Signos evidentes
Si ninguna de las anteriores funciona, prueba a situar el puño sobre el estómago, sin apretar demasiado, y detecta si hay gruñidos y sensación de vacío o si, por el contrario, está estirado y duro. Pon la barrera entre el hambre y un antojo.

Explora tu organismo
No sólo el estómago puede darte pistas, otros elementos como la tensión en el cuello y los hombros pueden resultar reveladores. Seguramente es ansiedad o estrés y no hambre. También detectar que nuestra actividad cerebral ha disminuido y nos cuesta concentrarnos. El aburrimiento, las ganas de hacer un parón pueden hacer que el deseo de comer se active.

Distrae tu mente
Si no estás del todo seguro de estar realmente hambriento, prueba a distraer tu mente con cualquier actividad, a poder ser física. Sal a dar un paseo rápido, si estás en el trabajo ve al lavabo o tómate una infusión. Si el deseo ha ido en aumento, tienes hambre; si se ha calmado, era un simple antojo.

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