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Ley de la eutanasia en España: quién puede solicitarla y bajo qué términos

Desde marzo de 2021, la legislación española contempla el derecho a la eutanasia para todos aquellos ciudadanos que, en caso de sufrir «una enfermedad grave e incurable», o un «padecimiento crónico e imposibilitante», deseen tener una muerte digna, elegida de manera libre y autónoma.

Ley de la eutanasia en España: quién puede solicitarla y bajo qué términos
Ley de la eutanasia en España: quién puede solicitarla y bajo qué términos
Sara Roqueta

Periodista

La mayoría del tiempo vivimos de espaldas a la muerte. Por cuestiones morales o ideológicas, y por la sencilla razón de no pensar en el final de nuestra vida, apenas miramos de frente a un proceso que, como muchos otros, forma parte inevitable de la vida y de la historia de la humanidad. Sin embargo, existen excepciones a tener en cuenta. Mientras que para algunas personas la muerte puede significar el fin de su etapa en la tierra sin ningún dolor ni sufrimiento, no todo el mundo corre la misma suerte. Hay quienes padecen hasta el último momento el sufrimiento físico por una enfermedad avanzada o terminal.

Para estos casos, España ya cuenta desde marzo de 2021 con la Ley Orgánica 3/2021 de regulación de la eutanasia (LORE), que legaliza y regula el derecho a la eutanasia en el país. Según dicha normativa, todo español mayor de edad tiene derecho a una muerte digna, elegida de manera libre y autónoma, de conformidad con sus valores y deseos. La Ley, que entró en vigor el 25 de junio de 2021, permite dar fin a la vida de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa de esta, y en un contexto médico.

Para comprender más a fondo todas las cuestiones relativas a la Ley, la Sociedad Española de Neurología ha creado el “Manual básico de la SEN sobre el Final de la Vida y la Ley de la Eutanasia”. Un trabajo que nace con el objetivo de ser una herramienta de consulta sobre conceptos relacionados con la atención de pacientes neurológicos que puedan solicitar iniciar un proceso eutanásico.

De hecho, la eutanasia no deja de ser un tema sumamente complejo desde un punto de vista ético y profesional y, especialmente, en campos como el de la Neurología, por su potencial impacto en la atención de personas con enfermedades neurológicas consideradas como “graves e incurables”. Al respecto, el informe de la SEN analiza los múltiples aspectos e implicaciones del neurólogo en el final de la vida de los pacientes: el diagnóstico neurológico sobre la irreversibilidad de un proceso, considerado grave e incapacitante, y su pronóstico vital, la valoración del sufrimiento, la garantía de acceso a unos cuidados paliativos dignos y la evaluación de la capacidad de decidir del paciente, entre otras consideraciones.

Eutanasia y suicidio asistido: qué significan

¿Qué sucede cuando hablamos de eutanasia? ¿Qué la diferencia del suicido asistido? ¿Quién y de qué manera puede solicitar estos procedimientos? A priori, son muchas las preguntas, pero para empezar debemos ser conscientes de que existe el buen morir: sin dolor, sin sufrimiento, acompañado, atendido, donde la persona lo desee. Este se puede conseguir de varias formas: por un lado, a través de la eutanasia, que es el acto deliberado de dar fin a la vida de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa de esta. Y, por otro lado, el suicidio asistido, que consiste en facilitar los medios para que otra persona ponga fin a su propia vida.

En palabras del decreto Ley, dicha normativa regula el derecho a la eutanasia o al suicidio asistido (ESA) para aquellos que sufren «una enfermedad grave e incurable», o un «padecimiento crónico e imposibilitante» que suponga una pérdida mayor de la autonomía y que provoque «un sufrimiento físico o psíquico constante e intolerable»; así como los trámites legales de solicitud a realizar para su aplicación y el proceso de ejecución.

La eutanasia y el suicidio asistido tienen por objeto aliviar síntomas refractarios que no pueden tratarse de otra forma

Eso sí, ambas acciones requieren de lo mismo: el derecho de los individuos a elegir de manera libre y autónoma sobre su muerte cuando se encuentran en el contexto de enfermedades terminales o con una corta esperanza de vida, según la mayoría de las legislaciones. El objetivo es en ambos casos el de aliviar síntomas refractarios que no pueden tratarse de otra forma.

Aspectos legales a tener en cuenta

Como ya hemos visto, aunque todas las personas tenemos derecho a una muerte digna, existen ciertas cláusulas que la ley contempla y que deberán cumplir aquellas personas con enfermedad grave, crónica o incurable que deseen solicitar la eutanasia o el suicidio asistido. Una decisión que siempre será revisada y avalada por un equipo de profesionales médicos y especialistas en Neurología.

  • Quién puede hacerlo. La LORE dice que toda persona mayor de edad y de nacionalidad española, con residencia legal o con certificado de empadronamiento que acredite al menos doce meses de permanencia en España puede acceder a la misma.
  • Condiciones. La persona que desee adelantar su muerte debe estar sujeta a una petición informada, expresa y reiterada en el tiempo por la misma.
  • Criterios de gravedad. La enfermedad que padezca debe cumplir los criterios de gravedad, pérdida de autonomía e incurabilidad mencionados anteriormente.
  • Decisión consciente. Quien lo solicite debe tener la capacidad de tomar la decisión «de forma autónoma, consciente, informada» y sin presión de terceros.
  • La solicitud. Esta debe de hacerse por escrito, con fecha y firma del paciente tras haber sido informado por el equipo sanitario a su cargo, que deberá dejar constancia en la historia clínica de que dicha información ha sido integrada y comprendida.
  • Qué ocurre cuando el paciente no es plenamente consciente. De no encontrarse en una situación plenamente capaz y consciente de tomar tal decisión, la eutanasia puede igualmente aplicarse si el paciente lo ha reflejado por escrito en el «testamento vital, voluntades anticipadas o documentos equivalentes legalmente reconocidos». El paciente tiene, asimismo, la posibilidad de revocar su decisión en todo momento del proceso.

Es importante tener en cuenta que, durante todo el proceso, siempre habrá un equipo médico detrás. Según el informe del SEN, “el médico responsable del paciente tiene que aportar una primera autorización y comenzar un proceso deliberativo sobre el diagnóstico, tratamientos, cuidados paliativos y el pronóstico”.

Enfermedades por las que más se solicita la muerte anticipada

Ahora bien, ¿cuáles son los factores que pueden contribuir a la decisión de querer adelantar la muerte? En el caso de los pacientes con enfermedades terminales suelen influir motivos como unos cuidados paliativos inadecuados, síntomas depresivos, sensación de ser una carga para otros y miedo a la agonía.

Numerosos territorios de Estados Unidos, Colombia, Canadá y Países Bajos, ya hace años que permiten la eutanasia y la muerte asistida. En estos países se ha establecido una divulgación periódica de informes de acceso público que nos permite conocer el perfil del solicitante y la frecuencia de la patología neurológica en el total de los procedimientos.

Por ejemplo, en Países Bajos, con informes anuales desde 2002, la situación en 2019 fue la siguiente: de las 6.361 notificaciones, el 52% fueron varones y el 48% mujeres. En Holanda, esta forma de fallecimiento supone el 4,2% del total de defunciones. Además, un 95,8% (6.092) se trataron de actos de eutanasia, el 3,9% (245) de suicidio medicamente asistido y el 0,4% (24) una combinación de ambos, considerada como la asistencia del médico cuando, tras ingerir las sustancias facilitadas, el solicitante no fallece en el periodo de tiempo acordado entre ambos.

En cuanto a la naturaleza de las enfermedades, el cáncer fue la más frecuente (64,5%), seguido de las enfermedades neurológicas (9,0%), subdivididas en enfermedades del sistema nervioso (408), y demencia (162, con solo dos consideradas como muy avanzadas).

gráfico eutanasia

Según el informe anual de las Comisiones Regionales de Verificación de la Eutanasia en Países Bajos, donde se detallan las principales causas, la enfermedad neurológica más frecuente a la hora de solicitar un procedimiento eutanásico sería la demencia en fases iniciales, seguida por la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y la ELA. Menos frecuentes son el ictus, la enfermedad de Huntington y otras enfermedades degenerativas del sistema nervioso central.

Sufrimiento y dolor

Aunque en ocasiones utilizamos las palabras sufrimiento y dolor para decir lo mismo, en realidad, no siempre son sinónimas. Mientras que el dolor se refiere a una sensación física localizada, desagradable o molesta, “el sufrimiento es una experiencia humana personal, subjetiva, compleja y con un significado negativo para la persona, en respuesta a un estímulo percibido como amenazante para su integridad personal”, explica Mario Riverol Fernández, del Departamento de Neurología, Clínica Universidad de Navarra, Pamplona, en uno de los artículos que completan este informe.

Pero, ¿cómo podemos medir el sufrimiento humano? Sobre todo, cuando se trata de tomar una decisión como la eutanasia. Según dicho autor, los profesionales de la salud deben ser capaces de reconocerlo y comprenderlo para aliviarlo, requiriendo pasar de una Medicina basada en la enfermedad a una basada en la persona. En este sentido, “es evidente que es necesario profundizar en el estudio del sufrimiento desde el punto de vista de las Neurociencias, así como estudiar el sufrimiento en los pacientes con enfermedades neurológicas crónicas e incapacitantes para poder ayudar a aliviarlo”, concluye. Solo así, en base a ese diagnóstico y a la decisión libre de una persona con enfermedad crónica o muy grave, se podrá solicitar la finalización anticipada y voluntaria de la propia vida.

Humanizar la muerte

En el último capítulo del informe, David Ezpeleta Echávarri, del Servicio de Neurología, Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, se centra en ‘Humanizar el proceso de morir’. ¿Qué quiere decir con esto? En palabras del autor: “el proceso de morir sigue siendo vida”. Es decir, que hasta en el último momento de nuestra vida, siempre que se pueda y se reúnan las condiciones anteriormente mencionadas, todas las personas tienen derecho a elegir cómo morir. Y repite: “Aprendemos a vivir, pero no se nos enseña a morir”.

De hecho, aunque ahora España cuente con la aprobación de la LORE, y ya sea legal anticipar la muerte por motivos médicos, lo cierto es que vivimos en culturas en las que todavía se teme a la muerte, se la niega. “Las personas solemos mentir, decimos que la muerte no nos atemoriza, que tememos a lo que la precede, a su prólogo, nuestro epílogo, al dolor y al sufrimiento de la enfermedad, al proceso vital que consuma su final”.

eutanasia

En qué condiciones personales, familiares, intelectuales, cognitivas, mentales, espirituales, etc. lleguemos a este punto de nuestra existencia garantizará un tránsito más o menos sereno, humano, digno y en paz. Es una realidad: no todos llegamos a la recta final en las mismas condiciones ni con las mismas garantías de recibir un trato humano y digno hasta el último aliento.

Es por ello que, los responsables de este informe quieren otorgar luz sobre una normativa vigente que nos afecta a todos, para procurar, como explica David Ezpeleta, “que las cosas se hagan bien a todos los niveles, en todos los ámbitos, y de suplir cualquier carencia, así como humanizar el proceso de morir allí donde y cuando sea necesario·

Cuando hablamos de la muerte, muchas veces aparece rodeada de la esperanza. Esperanza por vivir hasta el último momento, por permanecer en la tierra, por intentarlo todo con tal de sobrevivir. Minimizar la gravedad de la situación o albergar esperanzas es algo muy común entre los pacientes y su entorno, incluso cuando se les informa de que se ha entrado en un escenario de últimos días. Sin embargo, “la direccionalidad de la condición es justo a la inversa: mientras haya esperanza, hay vida; es decir, terminada esta, muere hasta la muerte”, concluye Ezpeleta.

Sobre el autor
Sara Roqueta

Periodismo y cultura. En ese orden o viceversa. Me introduje de lleno en los estudios comparativos de Literatura, Arte y Pensamiento y el análisis de los procesos creativos. Todavía sobrevivo. Poesía, narrativa y arte contemporáneo. Ahora redactora en Objetivo Bienestar y Revista Interiores.

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