Por unos cuidados dignos

¿El simple hecho de sujetar es de por sí vejatorio y transgrede la dignidad de la persona? ¿O sus ventajas superan a sus inconvenientes? Urge una concienciación sobre el tema y es hora de que asumamos que es un problema grave y que tendremos que resolverlo entre todos.

Por unos cuidados dignos
Por unos cuidados dignos

Ana Urrutia Beaskoa

Es algo serio. Aguantar es algo muy serio. Y por desgracia invisible. España es un país que sujeta en exceso a quienes cuida. A las personas mayores dependientes, muy especialmente a las que padecen demencia.

Pero también sujeta, y mucho, a las que padecen una discapacidad, física o psíquica, y a aquellas con un problema de salud mental. Suena solemne, pero es un “problema de país”.

Y lo es porque se sujeta a lo largo de toda la cadena de cuidado, en las residencias de personas mayores, en las de personas con discapacidad, en los hospitales psiquiátricos y en todos los centros sanitarios en general, sean de corta, de media o de larga estancia. Suena exagerado, pero no lo es.

A los 10 años decidí que sería médico y hoy en día lucho porque quienes cuidamos lo hagamos estableciendo la dignidad de las personas como pilar de nuestra toma de decisiones

Hoy en día somos muchos los profesionales que vemos en el uso de sujeciones una clara vulneración de algunos de los derechos fundamentales de la persona, como la libertad, la dignidad o la autonomía personal. Por otro lado, existen también quienes consideran el uso de contenciones una forma de maltrato, especialmente grave cuando es de carácter institucional y practicado por profesionales de la atención y el cuidado. En cualquier caso, en España, el uso de sujeción es algo culturalmente arraigado, tanto en el cuidado profesional como en el ámbito familiar y en toda la sociedad en general.

Nuestro país es uno de los de la OCDE que más sujeta, y bien pudiera ser el que más lo hace

Aún así, a la luz de las respuestas de la sociedad y de las instituciones públicas de este país parece que el tema no tuviera importancia.

Pero sí la tiene. Y mucha. Toca, pues, darle una solución. Existe muchísimo debate bioético detrás del uso de sujeción, y aunque es muy difícil sintetizarlo, yo pienso que quizá lo más destacado de él es que, en este momento, en España, y hasta la aparición del modelo de cuidado que no sujeta, para el modelo que sí lo hace ha sido suficiente con utilizar las sujeciones de una manera correcta, no vejatoria y ajustada a ley para que el Principio de No Maleficencia (no provocar daño) se cumpliera correctamente. Sin embargo, ahora nos empezamos a cuestionar si el simple hecho de sujetar es de por sí vejatorio y transgrede la dignidad de la persona. Y si, por tanto, es maleficente y provoca daño. Por otro lado, además, también se empieza a pensar que los efectos secundarios que se derivan del uso de sujeción convierten esta práctica en maleficente.

Los efectos de la sujeción

Y es que provoca mucho daño: incontinencia urinaria y fecal, atrofia y debilidad muscular, estreñimiento, infecciones, úlceras por presión, vergüenza, humillación, sentimientos de aislamiento y deshumanización, ansiedad, apatía, agitación, confusión, depresión, desesperanza, ira, miedo, pánico, sensación de atrapamiento, y así un largo etcétera. Por no hablar de la vivencia de indignidad que para la persona supone el hecho de que la sujeten. No podemos seguir sujetando con estas consecuencias, más cuando los buenos resultados avalan el cuidado sin sujeción. Muy al contrario, debemos garantizar su derecho a la libertad sin dejar de protegerles.

Urge, pues, una concienciación sobre el tema y es hora de que asumamos que es un problema grave y que habremos de resolverlo entre todos

Para ello será necesaria la implicación de los profesionales, cambiando su forma de hacer; de las familias y representantes de las personas dependientes, dejando de solicitar a los profesionales la sujeción y dejando de denunciarles por no usarla; de la sociedad, apoyando a los profesionales en su cambio; y de los poderes públicos, exigiendo a las entidades sociales y sanitarias que dejen de sujetar y estableciendo estímulos y apoyos que lo favorezcan.

 

Ana Urrutia Beaskoa

Es médico geriatra, presidenta de la Fundación Cuidados Dignos e impulsora del Proyecto Libera-Care. Acaba de publicar el ensayo Cuidar (Ariel).

Sobre el autor

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