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¿Por qué se continúa sexualizando el pecho?

Tetas, mamas, senos. ¿Cuándo te dicen que tienes que taparte y que no puedes enseñarlas? Del 'emoji' censurador al cómo romper con la sexualización de los pechos.

¿Por qué se continúa sexualizando el pecho?
¿Por qué se continúa sexualizando el pecho?
Sara Roqueta

Sara Roqueta

Periodista

La teta. La teta en la televisión. La teta en la publicidad. La teta dando de mamar. La teta que se ve. O como dice la escritora Patricia Luján, "la teta omnipresente". Tetas, mamas, domingas, senos que molestan por estar desnudos en piscinas y playas, por estar caídos, por tener cicatrices. Un debate constante e innecesario sobre esta parte del cuerpo hipersexualizada que nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué seguimos escondiéndala? ¿Donde está el problema: en el pecho o en la mirada?

Aprovechando que este lunes 19 de octubre se celebró el Día Mundial del Cáncer de Mama 2020, hoy lanzamos el tema de los pechos. De los pechos que no responden a estereotipos, aquellos a los que la escritora Patricia Luján ha dedicado todo un libro (¡Pechos fuera!) para hablar sobre ellos, sobre su poder y esa energía liberadora que va más allá de la mirada patriarcal que los censura.

Imagina que lnstagram y Facebook son, realmente, redes sociales liberadas de estigmas. Donde cabe el libre albedrío, la diversidad. En ocasiones creemos que es así, que podemos subir una imagen tras otra mostrándonos seguras, a nuestra manera. Pero la realidad es otra cuando lo que se exhibe es un pecho. Una teta. Una teta y su pezón. Un pezón con pelo. Un pezón que acaba siendo censurado por la misma red social. La foto se elimina y solo nos quedan dos opciones. Una pasa por perder la batalla, no subir esa foto y la otra por volver a subir dicha imagen pero con estrellas, emojis o garabatos que ocultan los pezones. ¿Acaso esto no es violencia?  

 

"Una teta es una teta. Como una oreja es una oreja. Y, sin embargo, cuando una teta se deja ver, se genera un momento incómodo. ¿Cuando se convirtieron las tetas en algo violento?"

 

"Violencia es que te toquen una teta sin permiso o que te viole una manada. Violencia es que te miren porque las tienes granes o porque las tienes pequeñas [...] Violencia es que las revistas dicten cómo deben ser nuestros cuerpos. Violencia es que la publicidad utilice nuestros pechos como reclamo para vender más, siempre mas", escribe voraz la escritora.

Quizás es hora de hacerse preguntas. Preguntas series y transversales. Cuestiones del día a día sobre cómo el "capitalismo nos sexualiza, discrimina y convierte en mercancía para ser usada y consumida". A lo largo de la historia el pecho femenino ha tenido en Occidente un valor simbólico y funcional muy concreto. A las tetas se les ha asociado conceptos como la supervivencia, el sexo, el control, la censura, la libertad....

Pechos fuera

¿Qué no ha sostenido una teta? ¿Acaso no copan decenas de museos en los que hombres, de siglos pasados y no tan pasados, las retratan a través de su mirada masculina? Pero, en realidad, el simbolismo sexual de los pechos femeninos en la vida cotidiana no siempre fue así.

 

En el Paleolítico las exuberantes mujeres de carnes generosas eran diosas veneradas por su fuerza. Con el tiempo, esas libres domingas, se llenaron de connotaciones de sexo y género.

 

Según Patricia Luján, este debate sobre la sexualización de los pechos, no implica el solo hecho de enseñarlos o no, sino de que cada mujer haga con ellos lo que quiera. "Se trata de igualdad. Se trata del derecho a decidir sobre tu propio cuerpo. Se trata de que dejen de convertir nuestros cuerpos en objetos. ¡Nuestros pezones no son emojis!"

Pero ahora piensa en tu hija, si la tienes. Sino en tu sobrina o alguna niña que esté cerca de la pubertad. ¿Cuándo se convierte en pecho una teta? ¿Cuándo te dicen que tienes que taparte y que no puedes enseñarlas?

Cuestiones a las que sería interesante darles un giro de 360 grados. Radical. Sin rodeos, diciéndole a esa adolescente que "es la mirada del que mira la que convierte tus pechos en tetas". En 'She's Gotta Have It', una serie dirigida por Spike Lee y basada en su película de 1986 del mismo nombre, la protagonista Nola Darling empapela literalmente las calles de Brooklyn bajo el lema "My name isn't girl" (Mi nombre no es Baby Girl) como un acto contestatario después de que un hombre le increpara en la calle con un: "Sexy ! ¡Sexy! ¿Cuál es tu nombre niña?"

Lo que esta serie pone de relieve, junto a otras películas y referencias literarias, es cómo la mirada, más que el cuerpo, está llena de sexualización. Pero ¿cómo es esa mirada? ¿De qué manera se ha construido para vejar el cuerpo de la mujer o tratarlo como un mero objeto?

 

Foto pechos fuera

 

Las revistas, los periódicos, la publicidad, el cine, la literatura y muchas otras manifestaciones populares están dominadas por lo que la teórica de cine británico feminista, Laura Mulvey llamo el "male gaze" o la mirada masculina, es decir, una manera de representar a las mujeres como objetos de deseo para el placer del espectador masculino. Lo que, así es, respondería al por qué muchas de las películas que forman parte de la historia del cine también han definido los límites de nuestro cuerpo.

Muchas de estas cintas contienen la mirada masculina en tres perspectivas: las del hombre detrás de la cámara, la de los personajes masculinos dentro de las representaciones cinematográficas de la película, y la del espectador que mira la imagen. Directores que alimentaban el círculo de ese público que, desde la perspectiva heterosexual y masculina, encontraría placer al ver representadas a las mujeres como objetos sexuales.

Es cierto que las cosas han cambiado. Ahora encontramos narrativas, tanto en el cine como en la literatura, en las que son las mujeres las que dirigen, producen y escriben la historia de otras mujeres. Ya no es solo un hombre el que las pinta o el que crea la psicología de personajes enteramente femeninos, sino que son las mujeres las que empuñar el acto creativo.

Al menos, en países en los que la cuarta ola del feminismo ya es más que evidente con sus multitudinarias manifestaciones denunciando la violencia contra las mujeres y en la defensa de los derechos de las mujeres como derechos humanos y que, además, todavía reivindica y lucha porque la mujer deje de ser sexualizada. Por sus tetas. Sus senos. Sus mamellas. ¡Sus pechos fuera!

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