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Refuerza tu inmunidad frente el estrés

Frente a esa sensación de peligro constante que la Covid-19 ha dejado en muchas personas, te contamos la claves para que comprendas cómo funciona tu organismo ante el estrés. Y, sobre todo, cómo hacernos fuertes, optimistas y flexibles ante las situaciones adversas.

Refuerza tu inmunidad frente el estrés
Refuerza tu inmunidad frente el estrés
Sara Roqueta

Sara Roqueta

Periodista

En nuestro día a día vivimos rodeados de posibles alarmas. Unas son completamente reales e inmediatas, como puede ser un incendio, un accidente de tráfico o la huida de una zona peligrosa. Sin embargo, en la mayoría de ocasiones las alarmas se disparan sin que exista un problema real e inminente y nuestro cuerpo, precipitado por esas sensaciones fruto del miedo que nos puede dar perder un trabajo o no estar a la altura, reacciona con estrés. Un sentimiento de tensión física o emocional crónica que solo ha hecho que aumentar en este año marcado por las mascarillas y el gel hidroalcohólico, y que responde a “aquellos mecanismos que desarrollamos para adaptarnos a las circunstancias”, según explica el médico Hans Selye. ¿Podemos ser inmunes al estrés? Vayamos paso a paso.

Miedo, sobresalto, hiperventilación. Lo primero de todo es entender cómo actúa nuestro cuerpo ante la percepción de peligro. Como decíamos, no todas las alarmas son reales. Con la Covid-19 nos hemos dado de bruces con un escenario marcado por la incertidumbre y el dolor. Dos hechos que, sin duda, han influido en que muchas personas sientan esa sensación de peligro a cada paso por la llegada de una pandemia.

Más tiempo para las rutinas diarias

“El miedo al contagio, así como el cumplimiento de distancias y nuevas normativas ha provocado que aquellos momentos del día que parecían escapar a la tensión también se vean ahora sometidos a este estrés”, explica Sol Sánchez, experta en mindfulness y gestión emocional, así como fundadora de Conscienthia.

Por ejemplo, ¿cuánto tardas en salir de casa por las mañanas? ¿Más tiempo del que invertías antes de la pandemia? ¿Y en lavarte las manos? Es una realidad que nuestras rutinas se han alargado. Según la experta, actualmente, "de media, nos lavamos las manos seis veces al día con una duración media de cada lavado de 1 minuto. Si hacemos los cálculos, estamos empleando un día y medio del año en lavarnos las manos".

Es decir, mucho tiempo. Al menos, más del que antes empleábamos. Obviamente esta rutina de desinfección responde a una necesidad básica, que es la de evitar el virus y su posible propagación. Pero no solo eso, antes de salir de casa, antes de ir a comprar, o en los baños de la oficina, tardamos más tiempo en realizar rutinas que antes venían dadas en modo piloto automático.

El miedo al contagio, así como el cumplimiento de distancias y nuevas normativas ha provocado que aquellos momentos del día que parecían escapar a esos momentos de tensión también se vean ahora sometidos al estrés.

Y es que, estas situaciones tan cotidianas, además de haber alargado su duración, también se han convertido en momentos de cierta tensión emocional. Así, continuamente nos oímos a nosotros mismos diciendo, “no olvides esto” o “coge el gel y la mascarilla”.  En definitiva, estamos más preparados que nunca, al menos en higiene, y eso se traduce en una inversión de tiempo notable. ¡Ah! Y en una fuerte necesidad de control y más control que produce ansiedad y estrés.

"Cuando nos preparamos para salir de casa solemos emplear unos 2 o 3 minutos más que hace apenas un año, pero es que cuando regresamos ese tiempo se alarga hasta los 7 u 8 minutos de media. Hasta para hacer la compra empleamos ahora unos 20 minutos más", comenta la experta.

De hecho, la frase del “tiempo vuela” se ha hecho más real que nunca en estos tiempos de pandemia. La de todas estas “nuevas rutinas” ha provocado que nuestros horarios se ajusten un poco más, y nos cueste cumplir puntualmente con muchos de nuestros compromisos. Tenemos menos tiempo, los días parece que duran menos y, como consecuencia, las prisas aumentan, incrementándose estrés crónico al no poder llegar a todo de la manera que lo hacíamos antes.

¿Cómo reacciona nuestro cuerpo ante el aumento de estrés?

Ya sabemos que el estrés no pasa desapercibido sobre nuestra salud. Al contrario, todo esto puede provocar la desregulación de otros sistemas vitales como el sistema inmunológico, el sistema digestivo o el sistema reproductor.

El estrés no es ninguna broma. Conocer sus efectos nos puede ayudar a tomar más consciencia y medidas. Además, debemos partir de la base de que “el estrés es una de las reacciones más instintivas del ser humano”, tal y como explica Álvaro Vargas en su libro ‘Refuerza tus defensas’. Básicamente, consiste en un mecanismo de defensa para evitar posibles ataques. Y nuestro cuerpo, eso, lo sabe bien.

Ante situaciones de incertidumbre, constante cambio y sobrecarga continuada, nuestro cuerpo genera una respuesta a nivel bioquímico a través de la liberación de diferentes hormonas, principalmente glucocorticoides, como el cortisol, y catecolaminas (adrenalina y noradrenalina).

Pero ¿qué ocurre realmente en nuestro interior mientras sentimos que el mundo se nos hace grande o que nos ahogamos en un vaso de agua? El cortisol que se libera promueve un aumento de la energía, preparando al cuerpo para dar una respuesta a estas situaciones que requieren un esfuerzo extra.

Frente al estrés, nuestro cuerpo siente que hay un peligro que nos acecha, que nos preocupa y activa todos los mecanismos posibles para prepararnos ante esa posible huida.

Tanto es así que, cuando el estrés se vuelve crónico, nuestro organismo se resiente. Tanta exposición esas “alarmas” acaban perjudicando nuestra salud. Porque no nos engañemos, aunque tendemos a relacionar el estrés con la sobreactividad, las prisas, el agotamiento físico, y esto es parte es así, “también puede dar la cara en forma de dificultad para conciliar el sueño, malestar digestivo, problemas para concentrarse, apatía y falta de interés por las cosas”, explica la experta en Mindfulness y Gestión Emocional.

En la relación entre lo digestivo y el estrés, es muy interesante atender al hecho de que el estrés propicia que el hígado segregue bilis en exceso y, además, a nivel nutricional las digestiones se ralentizan. Como nuestra sangre y nuestra atención está centrada en protegernos de esos peligros. La consecuencia: el cerebro está demasiado ocupado como para dedicarle los recursos necesarios a la digestión.

Todo un proceso que tiene como resultado que no se aprovechen bien los nutrientes. ¿A caso no te suenan los atracones en momentos de estrés? ¿O las personas que, por el contrario, comen menos al sentirse amenazadas? Pues sí, el cuerpo conoce bien estas reacciones que van desde comer rápido y masticar menos hasta tener unos horarios descontrolados. Y es que, según diversos estudios y, como cuenta Vargas en su libro, como consecuencia de altos niveles de estrés se ven afectadas principalmente las vitaminas del grupo B, la vitamina C y determinados minerales como el hierro y el magnesio.

Sistema inmune: el gran eslabón frente al estrés

De hecho, el estrés también afecta a nuestro sistema inmune, ese ejército de defensas tan complejo, con muchas interacciones y mecanismos que se ponen en marcha si se ve atacado por un extraño. En realidad, el sistema inmune es el guardián de nuestro cuerpo. Se pasa el día de aquí para allá, “rastreando cada rincón de nuestro organismo diferenciando lo propio de lo extraño, lo beneficioso de lo perjudicial”, según Vargas.

Entonces, ¿cómo se debilita nuestro sistema inmune y por qué razón? Como hemos visto, ante la amenaza de estrés producimos más cortisol y la adrenalina se dispara. Si esta situación de estrés se convierte en algo prolongado, según el médico Hans Seyle, se produce un crecimiento suprarrenal (hipertrofia), una disminución del tamaño del timo y de los ganglios linfáticos.

Tiempo después, incluso se descubrió que estas hormonas podían ralentizar el sistema inmune a niveles bajísimos, para reducir el gasto energético y utilizar esa energía para responder a esa posible agresión externa, a ese miedo, a ese peligro que, sea real o inventado por nosotros, nos acaba afectando. En definitiva, nos dejan expuestos a posibles infecciones.

Porque, lo creamos o no, aunque nuestro cuerpo está preparado para hacer frente a situaciones estresantes y difíciles, esa exposición a altos niveles de estrés hace que, “si vivimos en constante estado de alarma, el sistema nervioso pueda colapsarse”, confirma Sol Sánchez. Al respecto, explica:

“Nuestro sistema nervioso está diseñado para hacer frente a estas demandas y para luego volver a su estado natural sin sufrir consecuencias irreversibles. Pero si vivimos en una carrera constante, en la que durante períodos muy largos lo sobrecargamos tanto física como psíquicamente, a la larga, nuestro organismo se resiente”.

Los cuadros graves de estrés se pueden manifestar en tensión corporal, dificultades para conciliar el sueño, jaquecas, problemas gastrointestinales, híper-excitación, pensamientos rumiativos que no llevan a ningún sitio, problemas de concentración, pérdidas de memoria, ansiedad o depresión se producen por esta sobrecarga.

Por eso, te dejamos ahora con algunas claves para preparar tu cuerpo ante el estrés y, sobre todo, para mejorar tu relación con estas sensaciones. Una manera de comprender cómo actúa nuestro cuerpo ante la falta de sueño, las percepciones constantes de peligro, la irritabilidad… O cómo ser conscientes de todo ellos para así equilibrar nuestra mente y nuestro cuerpo.

No olvides que, para trabajar de forma correcta, nuestro organismo necesita unos niveles adecuados de nutrientes, hormonas, número de glóbulos rojos, cantidad de oxígeno… y el estrés, desgraciadamente, puede descompensarlo.

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