Uno de los pilares de una relación sana y constructiva de pareja es la comunicación. La vida nos va proponiendo continuos cambios de escenario sin pedirnos permiso. Lo que ayer era válido hoy ya no. Las prioridades que fijamos juntos han cambiado, nuestros intereses también, nuestros cuerpos y nuestras obligaciones también. Todo cambia, nada permanece, lo cuál es una buena noticia por dos motivos.

En primer lugar porque ninguna adversidad dura eternamente. La vida es una sucesión de etapas, algunas, quizás, demasiado largas, otras demasiado cortas, pero en cualquier caso cada mañana sale el sol, cada año disfrutamos de una primavera maravillosa y cada día nacen muchas nuevas vidas.

El segundo motivo es porque si todo cambia, quizás, si incidimos de la manera adecuada, podremos acelerar el final de una etapa o de abrir una nueva. ¡Así que nos encanta que la vida cambie! Precisamente los cambios de escenario requieren de nuestra adaptación como personas individuales y como parejas y para conseguirlo solo hay una opción, una receta válida, una fórmula milagrosa… La comunicación.

Comunicarnos en pareja es clave, no, es crítico. Necesitamos comunicarnos mucho, comunicarnos bien y necesitamos comunicarnos en diferentes planos. Pero vamos por partes. Nos olvidamos de comunicar con nuestra pareja en un plano íntimo, uno de los más importantes. Sin darnos cuenta acabamos hablando del trabajo, de los problemas, de la logística, de parientes y amigos y nos olvidamos de hablar de nosotros y de nuestra relación.

Busca, diseña y provoca momentos para hablar íntimamente con tu pareja y de vuestra relación. Habla, también, a nivel meta, define el marco de relación que deseas, analiza los cambios. Comparte tus inquietudes sobre la relación y no te las guardes en silencio. Una pareja que quiere asegurar el futuro empieza a trabajar en el presente. La vida cambia, las personas cambiamos, las relaciones también; pero si somos capaces de darnos cuenta y de hablarlo, podremos reaccionar a tiempo y, quizás, imprimir un giro a la relación.

Comunícate a nivel práctico con tu pareja. Uno de los principales problemas de las parejas es la acumulación de pequeñas frustraciones y pequeñas expectativas que no se cumplen. Nos comemos en silencio todos estos pequeños golpes en vez de compartirlos. Tragamos y un mal día explotamos. ¡Pues no! Comunícate cada día, comparte tus frustraciones, redefine el día a día y pregúntate y pregúntale cómo podríais simplificar vuestro día a día para eliminar cosas que no aportan valor y centraros en lo que sí que os aporta.

Comunícate a nivel lúdico, ríe, juega, diviértete en pareja. Al final acabamos teniendo lo peor de una pareja y nos perdemos lo mejor. ¿Cuánto hace que no bromeáis? ¿Cuánto hace que no jugáis juntos? Gastaros bromas y buscad la complicidad tan necesaria para enriquecer una relación de amor.

Comunícate a nivel educativo si tienes hijos. Define y revisa con cierta frecuencia tus criterios educativos y los de tu pareja. Debatid sobre lo que consideráis importante y llegar a acuerdos que tenéis que respetar o revisar. Educar a un hijo no es tarea fácil, por lo que ambas partes deben ir al unísono.

Y comunícate a nivel social con otras personas. Habla con otras personas, con otras parejas, con el objetivo de regenerarte, crecer, enriquecerte y luego aportar a la pareja. No te cierres en la pareja, la pareja no es todo y, si así lo crees, tarde o temprano acabarás teniendo una frustración ante una expectativa no cumplida.