Bien medicinales, bien agua de mar, bien agua corriente, en cada uno de estos centros se le saca partido al agua de una forma distinta. La aguas mineromedicinales emergen o se captan de la tierra, y gracias a sus propiedades físico-químicas son recomendables para diferentes tratamientos, bien por vía interna (agua en bebida) o externa (baños, duchas, chorros, inhalaciones o nebulización). Según prescribe el Departamento de Sanidad y Seguridad Social, el término 'balneario' sólo debería ser utilizado por los establecimientos que posean y utilicen esas aguas declaradas y reconocidas de utilidad pública.

En cuanto al spa, este 'palabro' proviene del latín 'Salutem per aquam' y se ha convertido en un término genérico para referirse a los centros donde se realizan tratamientos estéticos y de bienestar a través del agua. Frente a los balnearios, los spa utilizan agua corriente mezclada con aceites o sales para sí enriquecerlas. Deben ofrecer al menos unos cuatro tratamientos a base de agua. Sus salas están enfocadas a tonificar los músculos y conseguir un efecto relajante general sobre el organismo. Los cambios de temperatura y presión del agua, y la inmersión del cuerpo entero o por partes en diferentes concentraciones de agua son los elementos más usuales de los que echa mano. Las terapias que solemos encontrar en un spa son: sauna, baño turco, ducha jet, ducha vichy, jacuzzi, pediluvio, piscina de hidroterapia, jarros de inmersión fríos, tratamientos con hielo y flotación.

Por fin, la talasoterapia es la utilización con fines terapéuticos del medio marino. No en vano, la palabra deriva de dos vocablos griegos: thalassa (mar) y therapeia (curación). En sus centros también se usan algas, lodos, fangos y limos de los fondos marinos y arenas. La Federación Internacional de Talasoterapia indica que han de estar situados, obligatoriamente, cerca del mar y equipados con unos sistemas complejos para la captación, esterilización y rápida utilización del agua de mar antes de que pierda sus propiedades terapéuticas.