El cuerpo como estado soberano

Las mujeres están expuestas desde la adolescencia a una presión estética brutal. Con las redes sociales, el cuerpo se ha convertido en un estado político, y hay que empoderarse para reconocerlo como propio, apreciarlo y cuidarlo.

El cuerpo como estado soberano
El cuerpo como estado soberano
Sònia Parladé

Sònia Parladé

Periodista

¿Cómo nos sentimos con nuestro cuerpo? Esta es una pregunta difícil de responder, especialmente durante la adolescencia, pero que debemos hacernos. Con esta cuestión empieza la segunda mesa redonda de la iniciativa #VocesQueCuentan, de Planeta de Libros, de nuevo moderada por la periodista Susana Santaolalla y, esta vez, protagonizada por Diana López Varela, autora de ‘Voces que Cuentan’ y ‘Maternofobia’, Henar Álvarez, autora de ‘La mala leche’, y Raquel Riba Rossy, creadora de ‘Lola Vendetta’ y que también firma la antología ‘Voces que Cuentan’.

Las respuestas de las tres autoras ante esta cuestión son muy diferentes, pero igual de importantes. Henar Álvarez explica que, ahora, se siente “en plena armonía” con su cuerpo tras haber “aprendido a amar las partes que me generaban traumas cuando era más joven. Todas las cosas que pensaba que eran mejorables, como una cicatriz de cesárea, ahora me gustan y pienso que me dan personalidad”. Algo que solo ha logrado amar tras cumplir los 30 años.

Tu cuerpo cambia como cambia tu vida, pero acabas queriéndolo y adaptándote a él

También Raquel Riba Rossy ha aprendido, tras muchos años sintiendo su cuerpo como algo ajeno a sí misma, que en realidad es su aliado, una suerte de brújula que le da señales de seguridad y le permite estar bien: “de tanta exigencia estética que le he dado al cuerpo, se me había olvidado esa sensación de decir ‘al lado de algunas personas se me tensan todos los músculos de la espalda’. Pensaba que estaba siendo paranoica, pero he entendido que es mi cuerpo, somos un equipo y me da las señales que necesito para salir de una situación o quedarme”.

El caso de Diana López Varela no es positivo, pero igual de necesario visibilizar: “ahora mismo no estoy a gusto con mi cuerpo, estoy en pleno postparto y, por primera vez en años, no me reconozco. Me siento casi como cuando sufrí anorexia, hace casi 20 años. Al miedo de no volver a recuperar el cuerpo que tenía antes se suma la sensación de haber perdido funcionalidad”, cuenta la escritora de ‘Maternofobia’.

La presión estética durante el embarazo y el postparto

Esa presión y miedo que siente Diana también lo sufrió Henar en su día, y lo sufren todavía prácticamente todas las mujeres al pasar por un embarazo. “Recuerdo a famosas habiendo parido y saliendo a los tres días desnudas posando como el bebé como si todo estuviera perfecto. A día de hoy es algo que va a más, y directamente salen en el hospital maquilladas a las horas de parir o en mitad del parto”, cuenta. “La sociedad tiene que cambiar el pensamiento de que después de parir tienes que estar guapa. El cuerpo tarda nueve meses en gestar un bebé, así que como mínimo tardará otros nueve meses en que todo vuelva, más o menos, a su lugar”, sentencia.

El cuerpo es un estado político, y cada vez lo politizamos más

Esta es una de las consecuencias de la politización de los cuerpos femeninos. Riba Rossy señala que “el cuerpo es un estado político, y cada vez lo politizamos más. Publicando fotos constantemente en las redes sociales retroalimentamos esta problemática: hay demasiados cuerpos con los que compararse, ahora todo es abrumador, muy público y muy político”.

Se trata de algo especialmente peligroso entre las adolescentes, que sufren una presión estética brutal desde edades tempranas. “Cuando tienes 16 o 17 años sientes que recibirás menos amor si tu cuerpo no es normativo. Ya no es la foto, sino el impacto emocional detrás de ésta, la desaprobación que puede esconder. La raíz del problema está en el miedo a desconectar de los demás”, añade la creadora de ‘Lola Vendetta’.

Herencia cultural

Esta presión estética y politización de los cuerpos tiene mucho que ver con una herencia cultural. Antes, la belleza era lo que decidía si eras un buen partido o no, mientras que todo lo demás era poco importante.

Henar Álvarez lo relaciona con el hecho de que “el trabajo de nuestras abuelas era el matrimonio. Sabían que, si lo perdían, perderían también su actividad económica y su techo. Tenían que estar siempre guapas: buscaban pareja como el que busca un trabajo, porque era su sustento y modo de vida”.

Hoy en día, esta problemática que viene de muchos años atrás se traduce en una necesidad de ofrecer nuestra mejor versión en las redes sociales. “Es inevitable, cada vez que subes una foto a una red social va a ser objeto de comentario y de crítica. Aunque no sea negativa, va a generar en otras personas un discurso. Por eso, ya no solo queremos parecernos a otras personas, sino que nos queremos parecer a nuestro ‘yo’ de Instagram”, apunta Diana López.

Redes sociales

La adolescencia

Y si antes bastaba con llegar a casa después del instituto para encontrar un espacio de seguridad libre de críticas y presiones, ahora ese espacio no existe: “el comentario y el acosador están en tu bolsillo todo el día, y las opiniones y críticas indeseables te van a legar”, añade.

¿Cómo podemos ayudar a las adolescentes a no tener en cuenta esos comentarios? Lo sensato es decir que los ignoren, pero es imposible hacerlo cuando llevas el móvil encima todo el día. “Empiezas a desarrollar e integrar la capacidad de ignorar como a los 30 años, pero de adolescente hay una necesidad de pertenecer y definirte. Por eso es importante que haya un trabajo emocional grande en institutos y se trabaje la empatía”, declara Riba Rossy.

El cuerpo es una máquina de producir placer en todos los sentidos enorme

Y si bien no es posible lograr por arte de magia que las adolescentes aprendan a ignorar los comentarios y críticas sobre su cuerpo, sí que se les pueden mandar mensajes para que aprendan a estar en armonía con sus cuerpos. Para Riba Rossy, una de las cosas que le permiten conectar con su cuerpo es bailar: “estés como estés, seas como seas, incluso si lo haces con los ojos cerrados y sin mirarte, bailar te permite llenar tu cuerpo de sensaciones diferentes. El cuerpo es una máquina de producir placer en todos los sentidos enorme, y bailar te ayuda a hacer el ejercicio de apropiarte de tu cuerpo y sentirlo presente”.

“Yo les intentaría enseñar que la belleza no es lo más importante, y que se pasa. La carne se marchita, es así, y cuanto antes se asuma, mejor. El conocimiento es lo que se quedará contigo para siempre, pero un físico se va a marchitar”, señala Álvarez. “Yo pienso en que cuando era adolescente y pasé por lo que pasé (cuatro años sufriendo anorexia), perdí tiempo que podría haber aprovechado en habérmelo pasado mucho mejor. Hoy lo veo como una pérdida de tiempo”, completa López Varela.

Otras formas de violencia

Tampoco hay que olvidar la importancia de empoderar a las niñas y adolescentes para que no asuman con tanta facilidad la violencia. “Que insulten tu físico es lo mismo que la violencia física. Hay que acostumbrar a no ser dóciles. Somos muy dóciles cuando se comenta sobre nuestro cuerpo. Las niñas tenemos que hacer piña entre nosotras y luchar contra esto, que al final es pura violencia”, propone la autora de ‘Maternofobia’. “Defenderte no te define como persona violenta. No estás haciendo daño deliberadamente, te estás defendiendo”, justifica Riba Rossy.

El deseo propio

Finalmente, otra cuestión que no puede dejarse de lado es en referencia al deseo. “Cuando te haces mayor te empiezas a dar cuenta de que tú también deseas, ya no solo quieres ser objeto de deseo. Y es algo que todavía me cuesta”, explica Henar. “Tenemos integrado lo de ser objeto y no sujeto, y todas hemos caído en eso”, añade López Varela. Olvídate de que te miren, mira tú.

Al igual que en la anterior ponencia sobre la importancia de la educación, las tres autoras finalizan sus intervenciones con una recomendación literaria: Raquel Riba Rossy recomienda ‘Hablemos de vaginas’, de la ginecóloga Miriam Al Adib; Diana López Varela propone ‘Hambre’, de Roxane Gay; y Henar Álvarez se decanta por ‘Estamos todas bien’, de Ana Penyas.

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