La educación, un arma esencial para luchar contra el machismo

Son cada vez más las niñas que, desde pequeñas, tienen lo que podríamos llamar un 'instinto contra la discriminación'. La educación, en ese aspecto, es clave para convertirlo en una consciencia feminista.

La educación, un arma esencial para luchar contra el machismo
La educación, un arma esencial para luchar contra el machismo
Sònia Parladé

Sònia Parladé

Periodista

Ya lo decía la activista y Premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai: “para hacerme poderosa necesito una cosa, únicamente: educación”, y lo ratifican las autoras Gemma Lienas, Karmele Jaio y Najat El Hachmi, ponentes en una de las conferencias de la iniciativa #VocesQueCuentan de Planeta de Libros, en motivo del Día de la Mujer que se celebra cada 8 de marzo.

Lienas, Jaio y El Hachmi son las autoras de ‘La rebelión de las chicas, ‘La casa del padrey ‘El lunes nos querrán, respectivamente, tres libros diferentes pero que tienen algo en común: todos ellos hablan de la situación de la mujer en pleno siglo XXI.

En esta ponencia, moderada por la periodista Susana Santaolalla, las tres autoras han destacado la importancia de la educación como arma para empoderarse y luchar contra las injusticias.

Hay que cambiar el modelo educativo, cambiar lo que enseñamos y enseñar valores de igualdad

Para Najat El Hachmi, la educación es sinónimo de libertad: “lo que nos permite poder pensarnos como seres humanos, saber el lugar que ocupamos en el mundo y cuestionar si el lugar que ocupamos es justo o injusto”. Es, en definitiva, una “herramienta para poder decidir, poder ser y poder mirar de forma absolutamente autónoma y emancipada la realidad y la vida”.

Karmele Jaio añade que la educación es “algo que evita que te lleve la corriente. Algo a lo que agarrarnos, que nos guía. Es un arma que, más que dar respuestas, nos hace capaces de hacernos preguntas y de cuestionar las cosas”.

Sin embargo, existe una problemática que envuelve el modelo educativo actual y que debe cambiar radicalmente, como explica Gemma Lienas: “nuestra escuela es mixta, pero todavía no es coeducativa. Hay que cambiar lo que enseñamos, enseñar valores de igualdad”. Así, destaca que es imprescindible prescindir de los estereotipos de género: “no hay cosas de niño y de niña, solo de persona”. En este sentido, es importante, desde la escuela, contar la historia desde los ojos de las mujeres, así como dar referentes femeninos.

Emancipación

Asimismo, para liberarse, a veces también es necesario salirse del camino. ‘El lunes nos querrán’ es, precisamente, una historia dedicada a mujeres valientes que se salieron de ese camino recto que nos hacen seguir cuando somos pequeños. El Hachmi cuenta que “ese proceso de emancipación consiste en no acatar esas normas que te han transmitido y no conformarte con un orden que todo el mundo da como natural”.

Así, emanciparse significa ir en contra de esos elementos tan normalizados y asentados, un proceso “doloroso, pero profundamente necesario, sobre todo para las que vienen. Nuestro deber es seguir ahí, luchando contra la discriminación por las generaciones que vienen”.

La literatura como elemento transformador

¿Y cómo se puede despertar esa consciencia feminista en niñas y niños que están descubriendo el mundo? A veces, como en el caso de Lienas, es algo que sucede sin pensarlo: “mi consciencia feminista se despertó a los tres o cuatro años. No sabía que era feminista, pero no soportaba ciertos mensajes que me llegaban: que mandaran los hombres, que el currículum escolar de las niñas fuese distinto al de los niños o que yo no fuera mayor de edad hasta los 25 años, mientras que los chicos ya lo eran al cumplir los 21”. Su libro, ‘La rebelión de las chicas’, sirve para que las niñas entiendan, de manera gráfica, que todavía nos queda mucho por hacer.

En el decorado parece que hay una igualdad, cuando realmente hay una desigualdad terrible

En esta línea es especialmente importante demostrar que no hay ninguna razón para no ser feminista. “Tiene mucho que ver con la educación y con la capacidad de demostrar y ver todas esas desigualdades que existen, pero que pueden parecer mucho más sutiles que hace unas décadas, y también por eso más difíciles de detectar y de luchar contra ellas”, señala Jaio. En una sociedad en que hay un decorado donde parece que hay una igualdad, cuando realmente hay una desigualdad terrible, “la literatura se convierte en un instrumento para ver de manera clara lo que hay detrás de esa normalidad. La ficción tiene la capacidad de llegar al lector de una manera desprevenida, encontrándolo con una mente mucho más abierta”, añade la autora de ‘La casa del padre’.

Parece, sin embargo, que son cada vez más las niñas que, desde pequeñas, tienen lo que podríamos llamar un ‘instinto contra la discriminación’. En esos casos, lo que hay que trabajar es el “transformar ese sentimiento de injusticia en consciencia”, insiste El Hachmi.

Ablación de la memoria feminista

Afortunadamente, vivimos en un contexto en el que disfrutamos de unos derechos y libertades que son fruto de una larga lucha de nuestras antepasadas. Aun así, a menudo los nombres de las autoras y las precursoras de dichos movimientos no aparecen por ningún lado. ¿Dónde están en los libros de historia?

Millicent Fawcett

Estatua de Millicet Fawcett en Londres, una de las mujeres que luchó por el derecho al voto de las mujeres en Inglaterra.

“Ese legado debería estar dentro de los contenidos educativos, porque la sociedad en la que vivimos es fruto de lo que pensaron otros y otras antes de nosotras”, señala la autora de ‘El lunes nos querrán’.

De la misma manera, y si bien en muchos países la lucha feminista está a la orden del día, “en otros vemos situaciones que muestran que las mujeres no viven en las mismas condiciones que la mayoría. Aquello que damos por sentado que hemos conquistado todas, hay sectores de nuestra sociedad que todavía deben emprender una lucha titánica para lograrlo”, apunta.

Todos hablan de empatía, pero saber lo que es sufrir, vivir y crecer en determinadas situaciones cuesta de transmitir

Una vez explicada la teoría, lo más difícil es conseguir que los que no han vivido ciertas situaciones se pongan en el lugar de aquellas personas que las viven constantemente. Gemma insiste en que “hay que ponerlos en nuestro lugar para que aprendan lo que es vivir así, pero hay muchas personas que se van a resistir, porque no se dejan penetrar la consciencia. Para muchos, es difícil ponerse en nuestra piel”.

Fragilidad de derechos

Es también Gemma quien apunta que los derechos de las mujeres son muy frágiles: “parece que los has conquistado, pero los puedes perder”. Ya sucedió durante el franquismo, con unas normas que echaron por suelo todos los derechos que las mujeres habían conseguido con la Segunda República. Como decía Simone de Beauvoir, “no olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida”.

La responsabilidad de los niños

A menudo se pone toda la responsabilidad de empoderarse y de cambiar el mundo en las mujeres, olvidando el papel de los hombres. “Está bien mandar mensajes desde jóvenes a niñas y mujeres, pero hay que mirar a los hombres: no puede ser que la mitad de la población esté volátil en este campo. Ellos también tienen que conocerlo”, comenta Karmele Jaio.

Aquí entra una de las problemáticas surgidas de la masculinidad, que nos influye negativamente a todos y, especialmente, a las nuevas generaciones: “desde que nacemos se nos ofrecen dos carriles diferenciados según nuestro género, y la sociedad tiene expectativas distintas sobre ti si eres chica o eres chico. Tanto para mujeres como hombres, hablamos de la capacidad de escoger lo que queramos libremente”, añade la escritora, que cierra el tema con una metáfora: “también hay prohibiciones para los hombres, la diferencia es que en nuestro camino hay muchos obstáculos y el suyo es más parecido a una autopista”.

La educación sexoafectiva y el peligro de la pornografía

Antes de finalizar la mesa redonda, las autoras dedicaron unos minutos a hablar sobre la educación sexoafectiva, que se ha visto muy perjudicada por la pornografía. En este aspecto, Lienas asegura que “a nuestros niños y niñas les está educando sexualmente la pornografía, lo que es un problema muy grave. Es cierto que cada vez hay menos espacios donde los hombres pueden ejercer la dominación, pero hay un ámbito donde todavía pueden y que la pornografía se encarga de dejarlo cada vez más claro: el aspecto sexual”, y añade que “la pornografía hace un flaco favor a esa igualdad que pretendemos, y está metiendo en la cabeza, sobre todo a chicos, que sexualidad y violencia van de la mano”.

Por eso es tan importante que la educación sexual y afectiva esté presente desde pequeños. La pornografía, de nuevo, presenta una nueva problemática: la del poder. Como explica Jaio, “es violenta con mujeres y totalmente misógina, haciendo creer a chicos y chicas que eso es lo que se debe hacer y lo que se espera de ellas”. Y en toda esta esfera, se refuerza un peligroso problema relacionado con el consentimiento y el no poder decir que no: “la pornografía normaliza que, si las niñas dicen que no, en realidad quieren decir que sí”.

Para cerrar la ponencia, cada una de las autoras aporta una recomendación literaria para ayudar a las mujeres a sentirse más empoderadas: Gemma Lienas recomienda ‘Mejillones para cenar’, de Birgit Vanderbeke; Najat El Hachmi propone el clásico ‘El segundo sexo’, de Simone de Beauvoir, y Karmele Jaio se decanta por ‘Por qué duele el amor’, de Eva Illouz.

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