Nunca volverás a decir "mi gato no me quiere"

Si tienes un minino seguro que alguna vez has pensado "mi gato no me quiere". Te damos los cuatro básicos para hacer que tu gatito te quiera hasta el infinito y más allá.

mi gato no me quiere
mi gato no me quiere
Cuando los gatos salen a relucir en cualquier conversación es cuestión de tiempo que alguien alce la voz para desdeñar al animal por su supuesta independencia. 'Son huraños, poco nobles, demasiado independientes, etc.', dirá. La mala fama que se han granjeado estos animales es relativamente reciente. Los egipcios los veneraban porque además de protegerles de las plagas de ratones, los consideraban poco menos que catalizadores de energías negativas y en Inglaterra, hace no mucho, cruzarse con un gato era un buen presagio.

Si tienes un gato habrás podido comprobar que es un animal muy particular, pero no responde a la descripción de sus detractores. Operan de forma muy distinta a los perros, quizá no buscan tanto afecto, pero agradecen y buscan la compañía y los mimos. Así que olvida eso de "mi gato no me quiere" y esfuérzate en mejorar tu relación con él:

1. Sé accesible
Cierto, los gatos son mucho más independientes que los perros y valoran (y buscan) sus ratos de soledad, pero también necesitan un ambiente agradable y acogedor. Cuando se acerque a ti mantén la calma y procura no moverte de forma abrupta. Eso ayudará a que se relaje y se sienta bien. Y recuerda que son así, no quiere decir que tu gato no te quiera.

2. Potencia sus dotes depredadoras
Un gato es, por naturaleza, un depredador, así que no hay juego que disfrute más que todo aquel que consiste en perfeccionar sus habilidades depredadoras. Busca un juguete que les guste y juega tanto a lanzarlo y que él corra en su búsqueda. Una alternativa es que ates el juguete a una cuerda y lo muevas como una marioneta, verás qué pronto se agazapa y espera el momento idóneo para abalanzarse sobre él.

3. Una cola vale más que mil palabras
Los gatos son mucho más expresivos de lo que parece. Sus movimientos corporales y, sobre todo, su cola lanzan mensajes inequívocos de su estado de ánimo. Por ejemplo:
- Si la cola está recta puedes acariciarlo
- Si esta curva hacia abajo está a la defensiva
- Si la mueve es probable que esté incómodo o molesto, así que mejor déjalo a su aire
- Si se inclina hacia atrás y adelante lentamente quizá haya visto u oído algo que ha despertado su curiosidad

4. La violencia nunca es una opción Si estás tratando de enseñar buenos hábitos a tu mascota, la violencia física no es una opción. En ellos funciona muchísimo mejor el agua o los ruidos estridentes. Una palmada fuerte o una palabra corta repetida es mucho más útil.
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