Percibir un aroma puede llevarnos a viajar en el tiempo y revivir viejos momentos, situaciones únicas, personas o lugares que quedaron marcados en nuestra memoria. Como la ropa, el perfume o el propio olor corporal, cada hogar desprende ese aroma único que le da personalidad y le distingue del resto.

Por ello, desde tiempos muy lejanos, el incienso se ha utilizado para aromatizar cada ambiente y liberarlo de las malas vibraciones y las energías negativas. Los hay de muchos tipos: de lavanda, de romero (muy intenso), de artemisa, de pino, de rosas rojas, de benjuí, de sándalo, de ámbar, de canela? Lo cierto es que hay un aroma para cada hogar, así que a la hora de buscar el del tuyo debes perseguir el que te haga sentir más a gusto. Decídete también por los de pasta, en espiral, de fósforo o de papel, siempre fabricados de manera natural a partir de resina de Boswellia.

Además de impregnar de buen olor cada rincón de la casa, el incienso ayuda a crear un ambiente placentero, agradable y purificado. Muchas culturas le otorgan propiedades terapéuticas: desde la capacidad de combatir la ansiedad, a la mejora del bienestar físico, la inyección de calma, la ayuda a la concentración o el aporte de energía.