Se trata de prestar atención en el detalle. El ojo en la pantalla o en una lectura atenta. Podríamos enumerar muchas maneras o ritos modernos para escapar de la ansiedad urbanita y reconectar con la calma y el bienestar. Por suerte, existe ya una filosofía capaz de enseñarnos a disfrutar de las pequeñas cosas. Y, como no, llega desde los países nórdicos. Concretamente desde Finlandia, que en 2019 fue considerado el país más feliz del mundo, según el último índice mundial de la felicidad elaborado por Naciones Unidas. ¿Su fórmula a copiar? El hygge que, además de una filosofía, es una actitud total ante la vida. Porque el cómo hacemos las cosas acaba influyendo en cómo nos harán sentir. Y esto, los finlandeses lo saben desde hace años. Quizá por su clima y ese invierno frío que se prolonga, día tras día, con una temperatura media de 0,5°C. Frente al duro invierno, solo queda, sin duda, una actitud hogareña y de esto, entre otros fetiches, también nos habla hygge.

No es de extrañar que enero traiga con él una bajada de las temperaturas. Nos volvemos caseros y esto es una evidencia. Manta, película y una lista de repducción de música sonando desde la cocina hasta el comedor. Los planes en el exterior por doquier, pero un impulso interno nos trae de vuelta al sofá o a la cama. Pero no hay que preocuparse, hoy en día, todo hábito trae consigo una justifiación vestida de filosofía moderna y los daneses le han llamado hyggeAunque el término no tiene una traducción exacta al castellano, podríamos entenderlo como una mezcla entre acogedor y bienestar. Es decir, ser capaces de encontrar esa situación en la que nos sentimos cómodos, relajados y libres.

Aunque la rutina no nos lo pone fácil, siempre es un buen momento para tomar una taza de té, disfrutar de un libro, ver una película recostado en el sofá o, simplemente, tumbarnos a escuchar una pieza musical con la que nos sentimos relajados, alejados, de algún modo, del ruido de la ciudad. También de las preocupaciones. De hecho, una cena con amigos o familiares también entraría dentro de esta actitud hygge a la que cada vez se adscriben más países europeos con la tristeza que a veces trae consigo la imposibilidad de la conciliación entre lo laboral y lo personal. Por suerte, si uno busca y rebusca, siempre existe un pequeño instante en el que volcar toda nuestra energía. Aunque solo sea para ver caer la tarde que, aunque suene poético, es también una manera de dedicarnos un momento para parar. Parar y prestar atención, dos actitudes que no siempre nos acompañan en medio de una sociedad marcada por el hiper consumo, la hiper estética y los estímulos constantes.

SI todavía no estás muy en la onda del hygge y sus teorías acerca del disfrute de los pequeños momentos, aquí te dejamos una serie de consejos para que tu hogar adquiera esa actitud de descanso y armonía que, al fin y al cabo, solo es posible si uno o una quiere. 

Crea con velas tu espacio tenue y de calma
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Crea con velas tu espacio tenue y de calma

Recrear un ambiente hygge pasa por generar un ambiente cálido. Lo ideal sería contar con una chimenea, sino, decora tu hogar con velas para que esa sensación de comodidad hogareña reine en todos los espacios.

Una cama hecha para el descanso
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Una cama hecha para el descanso

Primero fue el descanso, más tarde la rutina. Y es que, practicar el hygge implica introducirse de lleno en la serenidad o, lo que es lo mismo, quedarse en la cama y no hacer nada. Para ello, adécua tu cama a tu gusto con colchas especiales y tejidos cómodos y acogedores.

Cuida de ti y de tus plantas
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Cuida de ti y de tus plantas

El hygge también implica acercarnos a lo natural. Compra y cuida de las plantas que ya tengas como una manera de deciarle tiempo a aquello que te reporta bienestar.

Un baño al estilo spa
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Un baño al estilo spa

La ducha en muchas ocasiones se convierte en un entrar y salir, tan rápido que apenas nos permitimos conectar con nuestro cuerpo. Convierte el baño en un espacio relajado y de retiro. Puedes acompañarlo de velas o incienso para que el hygge inunde el espacio.

Un rincón para leer y desconectar
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Un rincón para leer y desconectar

Construye tu propio rincón para centrarte en la lectura. Si cuentas con un ventanal próximo, coloca allí un sillón y relájate mirando por la ventana entre capítulo y capítulo.