Internet, la telefonía móvil, la mensajería instantánea y las redes sociales. Las nuevas tecnologías han moldeado nuestra rutina en los últimos años. Ejemplos hay infinidad. Cuando sólo existía la telefonía fija memorizábamos muchos más números de teléfono. Ahora, en cambio, apenas somos capaces de dar el nuestro sin consultar la agenda.

¿Otro? La ortografía. El coste de los mensajes de texto nos acostumbró a las abreviaciones y las omisiones de letras ?la damnificada por excelencia, la 'h'-, así que cuando el whatsapp, mucho más generoso, sin coste por caracteres, se erigió en el principal canal de comunicación esa costumbre estaba demasiado arraigada.

¿Significa eso que las nuevas tecnologías están mermando las capacidades lingüísticas de los jóvenes? No existe unanimidad a este respecto entre los expertos. Los unos cargan contra la tecnología y la señalan con el dedo por haber creado una sociedad más superficial y desmemoriada. Critican que más que hablar, barbullamos y que estamos perdiendo paulatinamente la capacidad de escuchar y reflexionar.

Los otros, en cambio, relativizan los cambios y sostienen que internet es, sencillamente, un fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos. Betsy Sparrow, una psicóloga de la universidad de Columbia (EEUU) y coautora de Los efectos de Google en la memoria, un estudio de referencia publicado en la prestigiosa revista Science, argumenta que no hay ninguna prueba de que la memoria se haya resentido con internet. A menudo, quienes secundan la línea de pensamiento de Sparrow se sirven de un símil para zanjar el debate. Comparan internet con un cuchillo, una herramienta muy útil que, sin embargo, puede emplearse para matar