De lunes a viernes, nuestro día a día se divide en tres etapas de, aproximadamente, ocho horas cada una. Una primera para dormir y reponer fuerzas, otra para trabajar y el tiempo restante, el más limitado pese a que siempre tratemos de arañar minutos de donde sea, para vivir. Teniendo en cuenta la cantidad de tiempo que ocupa en nuestra agenda el trabajo, encontrar uno donde te sientas valorado y percibas ciertas facilidades por parte de tus superiores sólo puede mejorar tu percepción y tu implicación.

Afortunadamente, cada vez más compañías, con los gigantes tecnológicos de Estados Unidos a la cabeza, buscan fórmulas que les permitan generar buenos ambientes de trabajo. Bonus para los nuevos padres, una pensión a la familia en caso de deceso de un trabajador, inversión en la educación, instalaciones gratuitas full-equip (gimnasio, piscina, sala de juegos, etc.), convocar actividades y muchas facilidades para la conciliación de la vida laboral y personal.

No se puede decir que sean la mayoría y menos fuera del mercado anglosajón. Aún hay muchas corporaciones a las que estas políticas les generan cierto recelo, temen que generando un buen ambiente de trabajo, la productividad se resienta.

Sin embargo, la llamada felicidad laboral es una estrategia empresarial. Potenciar el compromiso y la implicación del trabajador, darle facilidades y mostrar que la empresa piensa en él sólo contribuye a mejorar la productividad y, en consecuencia, a aumentar los resultados de la compañía.