En la menopausia la mujer experimenta una caída brusca de los estrógenos. Éstos influyen sobre el metabolismo de los huesos, de los músculos, colesterol y de la piel, entre otros. Por ello, durante la etapa fértil, los estrógenos actúan como protectores contra la pérdida de masa ósea, las enfermedades cardiovasculares y mantienen la elasticidad. Asimismo determinan la distribución de la grasa corporal y dan forma a la silueta de la mujer. Además, intervienen en el deseo sexual o la libido.

Por ello, cuando llega la menopausia y se produce este descenso, la mujer comienza a experimentar numerosos síntomas además de estar expuesta a algunas enfermedades. De hecho, aunque uno de los trastornos asociados más molestos sean los sofocos, lo que realmente debe tenerse en cuenta es el aumento del riesgo de patologías como las cardiovasculares, la osteoporosis o la obesidad.

Los estrógenos también ejercen una función fundamental en el sistema nervioso central y son responsables de la sensación psicológica de bienestar. En la menopausia sumado a que las mujeres pueden experimentar el síndrome de nido vacío, pérdida o cuidado de los padres, o de otros familiares y amigos, se produce cierta inestabilidad emocional, irritabilidad y sentimientos de soledad llegando a aumentar el riesgo de depresión.

Si los síntomas son muy severos, es necesario consultar con un médico quién valorará la posibilidad de una terapia hormonal de reemplazo conocida como THS o terapia hormonal sustitutiva. Consiste en administrar hormonas en dosis bajas para que no supongan un riesgo para la salud. Aún así, la dieta equilibrada, el ejercicio físico, fomentar la vida social y la realización de actividades que diviertan y que mantengan la mente ocupada pueden ser soluciones para poder llevar esta etapa.