Pieles finas y frágiles, sin capacidad para retener agua y lípidos, que reaccionan ante cualquier injerencia externa, etc. La piel sensible carece de una barrera cutánea suficientemente consistente como para aislarla de las agresiones externas, de modo que se produce una sobrerreacción a ellas. Si quieres proteger tu piel, sin embarcarte en unos cuidados muy específicos, sigue nuestros consejos:

1. Ayúdala a defenderse. En la medida de lo posible, debes evitar elementos potencialmente agresivos para la piel como los perfumes, las colonias o la radiación ultravioleta. También los cambios bruscos de temperatura, uno de los factores que más afecta a la sensibilidad de la piel.

2. La protección es aplicable a los factores internos. Una mala alimentación, el abuso del tabaco y el alcohol o el estrés pueden agravar considerablemente los problemas asociados a las pieles sensibles.

3. Cuida los productos que usas. Se deben usar productos de limpieza suaves e hidratantes que no resequen y con el mínimo de componentes posibles. La Asociación Española de Dermatología y Venerología (AEDV) recomienda usar cremas que contengan avena o manteca de karité, un producto tan recomendable después de la depilación para evitar infecciones y calmar la piel, como para protegerse de las bajas temperaturas en invierno.

4. Limpieza y exfoliación. Limpiar el rostro un par de veces al día con productos transparentes y exfoliar la piel una vez a la semana puede ser clave.