Aunque hay más de 150 patologías englobadas en esta definición, las enfermedades neuromusculares más conocidas son las distrofias musculares, la miastenia y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). "La mayoría son enfermedades crónicas, progresivas y debilitantes, lo que condiciona una importante discapacidad y dependencia", según el doctor Dr. David Pérez, Director de la Fundación del Cerebro.

Distrofias musculares
Las distrofias musculares son enfermedades crónicas, en su mayoría de causa genética, cuyos síntomas se deben a la degeneración de los músculos. Los pacientes suelen tener dificultades para andar y realizar las actividades más habituales, síntomas que tienden a acentuarse con la edad. Cada distrofia muscular tiene un tratamiento específico orientado a aminorar y retrasar la evolución de la enfermedad, pues al tratarse de enfermedades genéticas no es curativo. En las distrofias musculares es imprescindible que los profesionales de las distintas especialidades (neurólogos, ortopedas, fisioterapeutas, cardiólogos, psicólogos, etc) contribuyan al tratamiento.

Miastenia
La miastenia es una enfermedad neuromuscular autoinmune y crónica caracterizada por la presencia de debilidad muscular y fatiga de los músculos voluntarios del cuerpo. Los músculos que controlan el movimiento de los ojos y los párpados, la expresión facial, la ingestión y los músculos de las extremidades son los más frecuentemente afectado. Puede aparecer a cualquier edad, tiene mayor incidencia en mujeres de entre 20 y 40 años y en hombres de entre los 60 y 70 años. A pesar de que no cuenta con una cura definitiva, en los últimos años se ha avanzado mucho en el tratamiento gracias a la disponibilidad de nuevos fármacos que permiten individualizar cada caso, logrando que los pacientes noten mejorías en sus síntomas o incluso consiguiendo la remisión permanente o a largo plazo.

Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA)
La ELA afecta fundamentalmente a las células nerviosas encargadas de controlar los músculos voluntarios y la enfermedad suele evolucionar hasta la parálisis completa. Los primeros síntomas de la enfermedad suele ser debilidad -en las extremidades (60-85% de los casos) o en la región bulbar (15-40%)-, pérdida de fuerza progresiva, torpeza, disminución de la masa muscular y la presencia de calambres, con más frecuencia de la habitual, sobre todo tras el ejercicio. Es ligeramente más frecuente en varones y suele presentarse en individuos adultos. La edad media de comienzo se sitúa alrededor de los 56 años y la duración media de la enfermedad se estima en tres años.