El jamón ibérico reduce el colesterol, disminuye la tensión arterial, minimiza el riesgo de trombos y aporta vitamina E al organismo, entre otros beneficios.

Según un estudio del Servicio de Medicina Interna del Complejo Universitario de Badajoz, comer jamón ibérico es, además de una placentera actividad culinaria, muy beneficioso para la salud y el bienestar personal. El jamón no provoca variaciones del peso corporal y disminuye los lípidos plasmáticos, motivos que convierten a este producto en cardiosaludable. Además la ingesta de cien gramos de jamón ibérico equivalen a siete gramos de grasa saturada, es decir, sólo un 2,8% de la energía ingerida.

El consumo de jamón ibérico aporta hasta un 45% de la ingesta recomendada de hierro para la población española de hombres y un 23% para las mujeres -con mayores necesidades metabólicas. Y las propiedades nutricionales van más allá, porque está demostrado que este preciado alimento es una fuente de vitaminas B2 (riboflavina), B3 (niacina), B6 (piridoxina) y una excelente fuente de B1 (tiamina).

Otra de las virtudes de esta delicatessen es la calidad de su grasa ya que en su composición predomina el ácido oleico, característico del aceite de oliva. Este ingrediente facilita la producción de colesterol HDL, el considerado colesterol "bueno" en el organismo, reduciendo al mismo tiempo el colesterol más dañino. Así su consumo moderado ayuda a mantener unos buenos niveles de colesterol y previene las enfermedades cardiovasculares.