"El humor tiene también algo de grandeza", aseguró Sigmund Freud. Y es que el sentido del humor es una de las fortalezas personales básicas. Estar contento nos permite pensar de forma más flexible y creativa, ayudándonos a tomar mejores decisiones. Si en medio de una discusión alguien hace una broma consigue rebajar la tensión. Realmente esta restándole importancia al tema, dándole un giro de perspectiva, desdramatizándolo.

Reírnos de los problemas significa lograr un sano distanciamiento de la situación problemática. Riéndonos se libera la tensión y el estrés. El sentido del humor es una actitud ante la vida y lo mejor es que se puede cultivar: es tan sencillo como relajarse y ver el lado cómico de cualquier situación.

Flexibiliza las barreras entre lo consciente y lo inconsciente, entre el deseo y lo reprimido y permite ver desde un punto más sano nuestros defectos, conocernos y aceptarnos tal y como somos. El humor es sinónimo de ingenio, de serenidad ante problemas y de capacidad analítica. La alegría es contagiosa y une a las personas. Es por eso que debemos tomarnos más en serio el sentido del humor. Al fin y al cabo reírse de uno mismo es la mejor terapia ante los problemas de vida.