1. El calzado ideal: Ni puntas demasiado estrechas ni tacones de más de 4 centímetros. Elegir piel flexible o tejidos suaves y transpirables, queabsorban sudor y pesen poco. El momento idóneo para probarse calzado es a última hora del día, cuando los pies están cansados e hinchados. Es conveniente probarse ambos zapatos. 

 

2. Hidrata y masajea: Solemos olvidar la hidratación de la piel de los pies pero es un gesto fundamental. Como cualquier otra zona requieren de hidratación diaria con crema específica para ellos. Además de masajearlos, ejercítalos moviendo los dedos arriba y abajo y en círculo. Puedes hacer un ejercicio con una toalla enrollada: sentados la pisamos con los talones e intentamos recogerla con los dedos. 

 

3. Durezas y callos: Sólo los puede retirar el podólogo, pero si sigues usando el mismo calzado reaparecerán al mes y medio. Una solución son los protectores de silicona, plantillas con una descarga selectiva o bien cirugía si no mejora lo esperable. Consiste en modifcar la estructura ósea anatómica para evitar el exceso de presión. 

 

4. Pies descalzos: Muy recomendable para niños y también para adultos sobre superficies irregulares como, por ejemplo, la playa. Es un fantástico ejercicio para activar la musculatura de la planta del pie. 

 

5. Visita al podólogo: En función de la edad y de la persona, pero lo ideal es una vez al año.  

 

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