Más del 40% de los niños españoles son obesos o tienen sobrepeso, dato que sitúa España al frente de Europa en obesidad infantil. Uno de los frentes que hay que atacar para afrontar este problema de salud pública es la publicidad alimentaria dirigida a menores. Lo evidencia un estudio publicado en la revista Nutrientes, de dos investigadoras de la Universitat Oberta de Catalunya y una de la Pompeu Fabra. Las expertas recomiendan más control sobre los anuncios de productos de bajo valor nutritivo y más restricciones para el conjunto de normas que autorregulan la publicidad alimentaria dirigida a niños.

Autorregulación publicitaria ineficaz

El estudio revela que el Código de autorregulación de publicidad de alimentos y bebidas dirigida a menores es ineficaz y no ayuda a prevenir la obesidad. Lo afirma Mireia Montaña, principal autora del artículo e investigadora del Grupo de investigación en Aprendizajes, Medios de comunicación y Entretenimiento de la UOC.

Se vulneran repetidamente varios principios del código y, además, no se tiene en cuenta que el gran consumo de publicidad de los menores se produce fuera del horario protegido

Es importante destacar la importancia de la televisión entre los menores. El 90% de los niños continúa viendo contenidos televisivos habitualmente y el 80% los consume, diariamente, fuera del horario infantil.

Publicidad atractiva para alimentos nocivos

Las tres investigadoras analizaron durante tres años, del 2016 al 2018, los anuncios emitidos en la franja horaria más vista por los niños de 4 a 12 años. Primero analizaron la calidad nutricional de los productos de los spots más vistos y de 300 campañas televisivas. Después, correlacionaron el valor nutricional con la estrategia discursiva que se había usado como reclamo publicitario.

Los anuncios más vistos corresponden en su mayoría a productos alimentarios de poca calidad nutritiva cosa que, según Montaña, no ayuda de ninguna forma a prevenir la obesidad entre esta población. También observan que a medida que baja la calidad nutricional de los productos que se anuncian, más alta es la presencia de elementos que transmiten ideas relacionadas con experiencias positivas, que no tienen nada que ver con los productos como diversión, felicidad y aventura.

Niño viendo los anuncios de la televisión

Según otro análisis sobre los anuncios que ven los niños en la televisión española, en este caso de Miguel Ángel Royo-Bordonada, investigador de la Escuela Nacional de Salud Pública, “los menores reciben 7.500 impactos al año de mensajes que les dicen que coman un producto que no es saludable, asociados además a emociones positivas, a regalos y obsequios, y que además aseguran que son más sanos cuando es al contrario”.

Además, varios estudios han relacionado el consumo de alimentos de poco valor nutricional con un estado de ánimo personal bajo, un hecho que se conoce como emotional eating. El concepto se refiere a las personas que buscan compensar sus necesidades emocionales con la ingesta de productos, sobre todo ricos en energía, pero de poco valor nutritivo.  Este tipo de anuncios también pueden modificar el comportamiento y causar alteraciones alimentarias, como por ejemplo el trastorno por atracón.

Teniendo en cuenta las repercusiones negativas que tiene para la salud y, sobre todo, la vulnerabilidad de los niños, es necesaria una revisión de la aceptación de un discurso publicitario hedonista que puede acabar provocando un decremento del bienestar de las personas

Recomendaciones de la OMS y medidas políticas

Un escolar de entre seis y 12 años ve 25 anuncios de comida cada día y el 75% son de productos que no debería consumir habitualmente. Pero lo acaba haciendo, en muchos casos porque sus progenitores caen en “esos reclamos que confunden a los padres, que quieren comprar lo más saludable para sus hijos”.

“Si se cumpliera el criterio establecido por la OMS, habría que retirar de las pantallas tres cuartas partes de los anuncios”, denuncia Royo-Bordonada, que culpa a una dejación de responsabilidad de las autoridades sanitarias españolas por dejar que la industria se autorregule. Con estos datos sobre la mesa, las investigadoras recomiendan que el Gobierno aplique una política más restrictiva para la publicidad de alimentos de valor calórico alto y poco valor nutritivo.

Para avanzar en el conocimiento del impacto de la publicidad alimentaria en la obesidad infantil, las investigadoras indican que hay que hacer más estudios que comparen países europeos con diferentes sistemas de regulación de la publicidad infantil, los niveles de consumo de estos productos y la evolución de los índices de la obesidad infantil.