La Selaginella Lepidophylla, o flor de la resurrección, procede de los desiertos de América Central y de Oriente Medio y tiene más de 10.000 años de antigüedad. Uno de los datos más impactantes es que esta planta puede pasar hasta 31 meses sin agua y su nombre hace referencia al hecho de que puede 'resucitar' después de un largo periodo de secado. Sólo necesita entrar en contacto con el agua para empezar a recuperar su color verde de forma casi inmediata. 

Teniendo en cuenta que es mucho mejor para la piel utilizar productos naturales que aplicar moléculas de laboratorio, la flor de la resurrección puede convertirse en el mejor aliado para las pieles maduras. A partir de una edad, la piel empieza a perder elasticidad y luminosidad por el deterioro de las barreras de protección así como por la disminución celular, y es entonces cuando empiezan a salir las temidas arrugas.

De las hojas de esta planta se extrae el principio activo que, además de hidratar, protege la barrera cutánea, consigue disminuir las líneas de expresión y mejora el aspecto general del rostro, aportando luminosidad y firmeza a la piel. Algunas cremas del mercado incluyen un principio activo de la flor de la resurrección que devolverán la juventud a la piel del rostro.