Terminar la comida tomando algo dulce es un pequeño placer al que no hay por qué renunciar siempre y cuando optemos por opciones saludables. Una compota, una pieza de fruta fresca o un lácteo son postres nutritivos que además tienen un bajo aporte calórico por lo que son buenas opciones si estamos siguiendo algún tipo de régimen de adelgazamiento o sencillamente queremos controlar nuestro peso. Si no seguimos un régimen, tomar postres más calóricos ¡ocasionalmente! no es un problema siempre y cuando sean nutritivos, es decir que no aporten calorías 'vacías' (las que no añaden nada nutricionalmente hablando).

Apostar por tartas, pasteles y galletas elaborados con harinas integrales, endulzar con miel, preferir los dulces elaborados con frutas para poder beneficiarnos de sus muchas propiedades, optar por los frutos secos (muy ricos en Omega 3) y, por supuesto, prestar atención a las cantidades son algunos consejos para poder disfrutar de los postres sin que estos pongan en riesgo nuestra salud. Elegir también formas de cocción saludables -prefiriendo, por ejemplo, los horneados a los fritos y, en la medida de lo posible, añadiendo la fruta fresca para que no pierda propiedades- es también aconsejable.

Entre los postres que es mejor evitar o comer con moderación, especialmente si tenemos problemas de colesterol, están todos aquellos elaborados con mucha nata, mantequilla o chocolate. La bollería industrial está también desaconsejada puesto que suele estar elaborado con grasas 'trans' que aumentan el colesterol malo y hacen bajar el bueno. También es preferible optar por helados artesanales en vez de industriales y, si queremos controlar la ingesta de calorías, optar por los muy refrescantes helados de hielo.

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