Existen tantas formas de meditar que el término resulta esquivo, difícil de acotar en pocas palabras. La meditación es una, como un árbol con diferentes ramas. Todas las técnicas consideran que existen estados de consciencia más allá de la mente ordinaria que nos pueden reportar otro tipo de vivencias y percepciones que nos ayuden a sentirnos mejor, a evolucionar y a darle otro sentido a nuestra vida. 

Para que alguien comience a trasladar las actitudes mentales o sensaciones que ejercita o experimenta durante la meditación a la vida diaria, las únicas recetas son la paciencia y la constancia. Extrapolar lo aprendido durante la práctica meditativa al resto del día es, a fin de cuentas, lo que pretenden casi todos los que deciden adentrarse en este mundo por primera vez.

Para muchos, uno de los grandes beneficios que reporta la meditación tiene que ver con un aumento considerable de nuestra capacidad de concentración. Otra de las ventajas es el desarrollo de habilidades para relativizar los problemas, minimizar el egocentrismo y conseguir que el presente deje de ser una prisión acosada por las culpas del pasado o los temores del futuro.