Las vacaciones. Muchos exclaman "¡benditas vacaciones!". El respiro que esperábamos, la calma, el descanso y, sobre todo, el no trabajar. Fuera horarios y alarmas. Y es que en verano las obligaciones se reducen al mínimo o incluso se eliminan. Las horas pasan lentas y tranquilas. Tomamos helado y dormimos siesta sobre una hamaca. ¡This is summer! Pero ¿siempre conseguimos desconectar?

En ocasiones, los nervios porque todo salga perfecto; los viajes, las excursiones o las quedadas con amigos impiden que disfrutemos plenamente de nuestras vacaciones. Como si el estrés de la rutina diaria y esa vida acelerada se trasladase de lleno a los días que, en principio, suelen dedicarse al descanso. Pero ya sabemos que eso de dejar la mente en blanco no siempre funciona, más cuando todavía cargas con la presión del trabajo.

Pero existen muchas maneras de disfrutar del verano y olvidarte de las preocupaciones diarias. Una de ellas es el mindfulness o atención plena, un estilo de vida que te permite saber cómo disfrutar de cada momento y que puede aportar grandes beneficios a tu salud. Se trata así de poner en práctica una atención consciente en todo aquello que haces. Desde despertarte hasta lavarte la cara o hacer el desayuno. Es decir, estar en el aquí y el ahora, dejando de lado ese torbellino de pensamientos que en ocasiones nos invade.

Esta escucha directa, este estado mental que propone el mindfulness nos permite aprender a reaccionar en el momento exacto. Es una manera de entrenar a la mente con el objetivo de centrarse en el presente y mejorar nuestra inteligencia emocional. De esta manera podrás reconocer lo que está sucediendo en cada momento, focalizar la atención y disminuir los niveles de estrés.

Ahora que el verano da rienda suelta a sentirnos libres y no atarnos a una rutina concreta, quizá es el mejor momento para que comiences a practicar el mindfulness con pequeñas cosas. Te mostramos cómo hacerlo a través del deporte, las conversaciones con amigos, un desayuno atento o simplemente disfrutando del caminar. 

Empieza el día con respiraciones
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Empieza el día con respiraciones

Un buen despertar puede hacer que el rumbo del día siga un curso u otro. Puedes arrancar la mañana con una pequeña práctica de mindfulness:

Dedica tres minutos a respirar tranquilamente. Siente el contacto con todo lo que te rodea; sabanas, colchón, almohada... Escucha las sensaciones de tu cuerpo y la libertad de ese pequeño momento de gratitud y confort.

 

Desayuna con atención
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Desayuna con atención

El desayuno puede ser uno de los momentos más placenteros del día si te lo propones. Se trata de que prestes atención a los alimentos, desde lo que más te apetece tomar hasta qué sensaciones te produce su tacto, su olor y su gusto. Es tu momento, tu pequeño placer de verano que puedes acompañar con zumo de naranja, fruta, leche... Degústalos tranquilamente y fíjate en la variedad de colores y texturas de cada alimento.

 

Haz deporte conscientemente
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Haz deporte conscientemente

El deporte es uno de los mejores aliados para desconectar y liberar tensiones. Pero es probable que, tanto si haces running como natación o ciclismo, una lluvia de pensamientos invada tu mente y no te permita concentrarte del todo en el ejercicio. Los estímulos son constantes y es posible que tu cabeza salte de un pensamiento a otro. 

Lo que el mindfulness recomienda es que no luches contra esos pensamientos, sino que te vuelvas amable con ellos. Recibe el momento presente y la armonía de tus movimientos tal y como venga. Lo importante en el mindfulness es darse cuenta, ser consciente.

Una manera de superar una mente dispersa mientras haces deportes es sintonizar con la respiración. Observa cada inspiración y cada espiración y reconectar con tu cuerpo.

Siesta y meditación
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Siesta y meditación

La siesta es para muchas personas el mejor momento del verano. Aprovecha los minutos previos para practicar mindfulness con una meditación corporal:

  • Para ello deberás tumbarte boca arriba con las piernas separadas de tal manera que los pies descansen.
  • Mantén los brazos separados del cuerpo con las palmas de las manos hacia arriba.
  • Observa y pon atención al movimiento de tu respiración en la zona abdominal.
  • Escucha y atiende a las sensaciones física del cuerpo: tus pies, tobillos, piernas, cadera, espalda, tronco, hombros, cuello, cabeza, cara. 

 

Conversa tranquilamente con amigos
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Conversa tranquilamente con amigos

Hablamos y nos movemos mucho cada día, pero en verano todo se ralentiza. Aprovecha el descanso de las vacaciones para practicar una escucha atenta con los que te rodean. Conversaciones que se alargan, tiempo para sentir... No te preocupes por nada y comparte momentos de tranquilidad y escucha con amigos y familiares.

Pasea por la montaña o la playa
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Pasea por la montaña o la playa

Andamos los 365 días del año. Eso es evidente. Pero mientras durante el año lo hacemos como un hábito más, las vacaciones son el mejor momento para que pasees por la montaña o la playa de manera consciente, prestando atención a lo que pisas, hueles y sientes. Si lo haces en compañía, recuerda que el silencio es importante. No hace falta llenarlo todo con palabras.  

Camina a un ritmo natural, observa cómo se mueven tus piernas y el resto del cuerpo, pon atención a los sonidos o simplemente observa todo lo que hay a tu alrededor.