A veces, cuando la realidad duele, cuando no nos gusta, no cumple nuestras expectativas o colma nuestras necesidades, no queremos verla y para conseguir nuestro propósito somos capaces de distorsionar, camuflar u omitir la realidad. El no querer ver es un trastorno mucho más frecuente y habitual de lo que puedas imaginar y la culpa es del portero de nuestra discoteca mental. Vivimos rodeados de millones de estímulos que pugnan por entrar en nuestro campo de consciencia, así que para poner orden a todo este batiburrillo perceptivo contamos con una figura parecida a un portero de discoteca, quien decide qué estímulo puede acceder y cuál se quedará afuera.

La vida es como es, no como tú quieres que sea, así que preocúpate de afinar tus sentidos y de no engañarte

El portero de nuestro club es un esforzado trabajador que respeta la jerarquía de poder y cumple órdenes. Así que hará lo que se le mande.

Si le decimos que no queremos que vea una cosa, pues nada, él se hará el ciego… Si le advertimos que tiene que fijarse únicamente en todo lo que nos va mal, él atenderá solo a las desgracias, pero si le decimos que somos lo mejor de lo mejor, él servirá a nuestra megalomanía seleccionando tan solo aquello acorde con nuestro ego.

Mezclamos la realidad con el deseo y el miedo. La vida es como es, no como tú quieres que sea, pero a veces nos equivocamos y creemos que podemos hacer que la realidad sea como yo quiero que sea, lo que supone un grave problema buscado voluntariamente. La realidad será como tú la veas, así que preocúpate de afinar tus sentidos y de no engañarte. Algunas personas solo pueden ver la vida en un solo tono, el suyo, y desestiman otras tonalidades y otros puntos de vista.

Este trastorno voluntario es muy frecuente… Las hay que no pueden percibir el movimiento de los objetos y se enfadan cuando cambia su rutina. Este tipo de personas no quieren cambios, bueno no quieren que cambie su status quo. Otras, además, no pueden ponerle nombre a algunas de las cosas que pasan a su alrededor. Son incapaces. Para ellas, “lo que no tiene nombre no existe y lo que no existe no me afecta”. Su ceguera les impide ver el sufrimiento ajeno y todo aquello que no les interesa. Finalmente, hay quien no puede identificar aquellas caras que no le conviene identificar, que se olvidan de saludar a quien tienen delante, que se olvidan de favores y relaciones, que viven solos en el mundo y que pretenden que todo el mundo los reconozca.

Por lo tanto, ¿la vida es como es o como tú quieres que sea? Pues depende, querida. Para algunas cosas la vida es como es, pero afortunadamente –o no–, para otras, la vida puede ser como tú quieres que sea.

¿Por qué algunas personas distorsionan la realidad y otras no? Pues está claro, algunas por un trastorno fisiológico y otras por su voluntad, sus intereses o sus prioridades. Algún día descubriremos dónde se halla localizada la voluntad y cómo funciona. La voluntad es ese ser superior que le está mandando órdenes a nuestro cerebro y que es como ese jefe listillo, como ese mando intermedio que quiere dejar huella, como ese político que cambia las cosas solo para que se note su presencia. La voluntad es un error que provoca que lo que funciona deje de funcionar por órdenes del alto comisionado. A veces, tenemos que dejar que nuestro cuerpo fluya, escucharlo y luego darle sentido… A veces tenemos que darle unas directrices claras. Pero lo más importante querido lector, es que sepamos discriminar cuando es el momento de abrir los ojos y cuando es el momento de cerrarlos.