Seguro que más de una vez te has puesto a dieta. Probablemente te haya impulsado a ello una intención por mejorar tu físico. Un deseo por mejorar tu imagen en un momento determinado.

En otro caso, puede haber sido por prescripción médica. En el primer ejemplo, tu interés por resolver algo que no te gustaba en ese momento te ha llevado a cuidarte por un tiempo determinado. En el segundo, el sentido de la obligación o el miedo infundado es el que ha hecho cambiar ciertas costumbres afincadas en tu vida. Y, posiblemente, en la mayoría de casos este cambio se ha prolongado en el tiempo hasta convertirse en un nuevo hábito.

Y es que vivimos en una sociedad en la que queremos resultados de manera inmediata, porque nos han hecho creer que podemos disponer de lo que nos interesa en el momento que queremos. De esta manera, en general, somos incapaces de hacer frente a la frustración y no nos podemos permitir el lujo de aburrirnos. Esto lo llevamos a todas las áreas de nuestra vida. Y lo mismo ocurre con nuestra salud.

Cuando solo pensamos en ella en ciertas ocasiones, volvemos a querer resultados al momento y nos convertimos en incapaces a la hora de prolongar estas nuevas costumbres y cuidados en el tiempo. A ello hay que sumarle que, tras intentar una y otra vez ponernos a dieta, el concepto que tenemos de ella sea negativo: paso hambre, dura poco tiempo, no puedo tener vida social, me cansa… Posiblemente se trate de un cambio de perspectiva. Si reconozco que no tengo unas buenas costumbres en alimentación, ¿por qué no dejamos a un lado nuestra intención de ponernos a dieta una vez más, para pasar a aprender a comer y establecer buenos hábitos?

 

Una buena organización del tiempo, identificar y gestionar nuestras emociones sin ‘comérnoslas’ y tumbar nuestras creencias limitantes son los primeros pasos para establecer y mantener hábitos saludables

 

¿Y cómo te sientes cuando escuchas la palabra “hábitos”? Posiblemente veas la posibilidad de mantener algo a lo largo del tiempo, pero que para ti sea algo demasiado costoso y creas que no vas a ser capaz. Sí, un hábito se genera por la repetición en el tiempo. Pero a diario realizamos diferentes hábitos que aprendimos desde la infancia y que ahora mismo no suponen ningún esfuerzo. Claro, porque se convirtió en hábito tras repetirlo todos los días. ¿Qué te lleva a pensar entonces que no vas a poder realizarlo en lo que respecta a la comida? Si yo aprendo a llevar una buena alimentación y a convertirlo en un hábito no volveré a recurrir a las famosas dietas, que corresponden al momento inmediato y que se van tal y como llegan. Aprender a comer y generar esta costumbre no es igual de fácil para algunas personas, pero no es imposible. Y si todo este recorrido lo realizas de la mano de un experto, te ayudará a ajustar esta rutina a tu vida diaria, además de romper ciertos mitos: Porque sí podrás tener una vida social, no te aburrirás y no pasarás hambre.

Para que esto ocurra tendrás que trabajar diferentes aspectos de tu interior, que no se ven, de los que posiblemente no seas consciente y que son los que hacen que tus comportamientos sean los que son. Ponerle empeño a organizar bien el tiempo, aprender de los errores que cometiste anteriormente o generar otros hábitos que no tengan que ver con la comida te podrán ayudar en esta ocasión. Pero no olvides que has de trabajar todas las creencias limitantes que tienes sobre ti para aumentar tu seguridad y autoestima; aprende a detectar cuáles son tus emociones y cómo se relacionan éstas con la comida y averigua cuál es la finalidad que te lleva a cuidarte y mantenerla en el tiempo. Trabajar todos estos aspectos te llevará a olvidarte de las dietas y a empezar a comer bien, y contribuirá a que logres mantener este nuevo hábito en el tiempo.

 

Cristina Soria

Periodista, coach y escritora, plantea fomentar los buenos hábitos en la alimentación. Es autora de No son las dietas, son los hábitos (Espasa).