Proveniente de la zona este de Norteamérica, la planta equinácea fue utilizada durante varios siglos con fines medicinales y terapéuticos. Aunque existen más de veinte especies de esta planta, sólo una decena pueden ser consumidas por el ser humano. Actualmente se utiliza principalmente para aliviar los síntomas del resfriado y reforzar el sistema inmunológico, empleando toda la flor (raíces, hojas, semillas y tallos).

Entre los nutrientes de la equinácea destacan la fibra, las vitaminas del grupo B y C, los beta-carotenos, el hierro, el sodio, el calcio y el magnesio. Todos estos valores nutritivos se traducen en un planta ideal para fortalecer el sistema inmunológico y así aumentar las defensas. La equinácea también ayuda a luchar contra cualquier tipo de infección, especialmente si se trata del aparato respiratorio (como la bronquitis, la sinusitis o la faringitis).

Además, la planta equinácea es un buen remedio natural para hacer frente a las migrañas, así como a infecciones y dolores en la boca y garganta (amigdalitis o gingivitis). Si se aplica de manera tópica ayuda a tratar dolencias de la piel, desde psoriasis, quemaduras o heridas, hasta picaduras, furúnculos y eccemas. Sin embargo, esta planta consumida junto al café puede reducir sus efectos beneficiosos.