¿Ya conoces las virtudes de la cosmética ecológica pero no das con el champú adecuado? Es muy probable que, si has llegado a la conclusión de que el uso de productos de cosmética bio es lo más saludable para ti y para el planeta, hayas hecho el paso de probarlo, pero haya sido un fracaso. Si bien es cierto que la transición del convencional al biológico de determinados productos sintéticos como la crema corporal, la hidratante facial, el tónico o el gel, es absolutamente fácil y satisfactoria, no podemos decir lo mismo con el champú: la gran mayoría de personas que se lavan por primera vez el pelo con un champú ecológico quedan insatisfechas. ¿Por qué?

Primero, porque los champús ecológicos hacen poca espuma y eso cambia esa experiencia tan placentera en la ducha. Y la creencia de que la espuma es lo que lava y limpia el pelo se sostiene a través de los miles de anuncios que hemos visto siempre en la televisión. Pero eso no es cierto: los champús convencionales contienen químicos espumantes que no tienen ningún otro objetivo que generar esa agradable sensación espumosa en la ducha pero que, en realidad, no son necesarios.

Y, en segundo lugar, es probable que nuestro pelo, una vez lavado con un champú eco, quede más áspero de lo habitual, se enrede más, tenga más efecto frizz o se ensucie más rápidamente. En definitiva, que no lo reconozcamos, no nos guste en absoluto y desistamos automáticamente de utilizar un champú ecológico.

Eso sucede porque los sulfatos de los champús convencionales, a pesar de ser potentes detergentes, también son ingredientes agresivos que eliminan los aceites naturales que crea nuestro cuerpo. Por eso, cuando dejamos de aplicarlos, nuestro cuerpo debe “reaprender” a generar la grasa natural del cuero cabelludo y al principio, y como consecuencia de esa acumulación, tiene un aspecto más áspero o seco.

Las siliconas, por su parte, presentes en los champús, los acondicionadores, las mascarillas y las lacas, son las que actúan como emolientes y selladoras de cutícula y tienden a acumularse en forma de residuos en nuestro pelo. Por su efecto acumulativo, las siliconas provocan que el cabello se ensucie con más facilidad y necesitemos lavarlo más a menudo. Y aquí empieza el círculo vicioso de los champús convencionales: cuanto más nos lavamos el pelo, más se ensucia y más rápidamente debemos volver a lavarlo.

En realidad, cuando empezamos a utilizar un champú ecológico lo que está experimentado nuestro pelo es un proceso de détox: al igual que nuestro cuerpo expulsa las toxinas en forma de acné o sudor cuando hacemos una dieta depurativa, cuando probamos un producto certificado, nuestro pelo está intentando librarse de los químicos acumulados a través de los champús convencionales, cargados de siliconas y de sulfatos, entre muchos otros productos químicos, como los famosos parabenos. Todos ellos, dan una falsa sensación de limpieza, de suavidad y de brillo, ya que “enmascaran” el cabello real, lo sellan, pero no lo nutren e impiden que reciba hidratación y nutrientes.

 

Entonces, ¿cómo hacer la transición hacia un champú ecológico?

Antes que nada, conviene tomar paciencia. Por lo que hemos comentado, es muy habitual que el primer champú ecológico que probemos no nos guste y que nuestro pelo necesite unos cuantos lavados para ir desintoxicándose y recuperar su brillo, forma y textura real.

Para no sufrir demasiado, os proponemos hacer la transición de forma gradual siguiendo estos pasos:

  1. Eliminar todos los productos para el pelo que contengan siliconas: revisa la lista de ingredientes y excluye los que contengan PEG o polyquaternium.
  2. Utilizar un champú de transición no ecológico: sin siliconas, pero con sulfatos menos agresivos, como el Ammonium Lauryl Sulfate (no confundir con el Sodium Laureth Sulfate). Algunos de ellos son los naturales, pero sin certificación ecológica.
  3. Hidratar con mascarillas naturales una vez a la semana: las podemos comprar ya preparadas con certificación ecológica o bien optar por aplicar directamente mascarillas caseras o aceites bio como el de coco o el de oliva.
  4. Utilizar definitivamente el champú ecológico: libre también de sulfatos y con certificación ecológica. Si tampoco te acaba de convencer, prueba otra marca hasta encontrar tu favorito que te deje el pelo más suave, más limpio y más sano.