¿Quién no se ha sentido alguna vez disgustada o humillada por los comentarios de otra mujer? El cotilleo y la crítica forman parte de nuestro día a día. Es más común entre nosotras y, según los estudios, obedece a un criterio evolutivo: conquistar al macho Alfa. Al menos esta es la conclusión de un estudio llevado a cabo por la Universidad de Ottawa, en Canadá.

Trasladado a nuestro entorno actual, esta forma de desprestigiar a nuestras compañeras podría responder a una manera de asegurarse una posición mejor en la carrera por conquistar a la pareja ideal y desacreditar a las posibles adversarias.

Suele darse en la adolescencia y en la primera madurez de la mujer, cuando la mujer comienza a establecer las bases de su futura relación sentimental.

Por otro lado, la necesidad de criticar también podría responder a un deseo de ser aceptado por el grupo. Unirse frente a otra establece unos lazos de complicidad y de unión.

Sin embargo, pese a tener una posible justificación científica o de comportamiento, la realidad es que la crítica ofende y puede apuntar a un problema de autoestima, estrés, ansiedad o insatisfacción.

La mejor manera de evitarlo es practicar un refuerzo positivo, aceptar nuestros defectos y establecer unas metas propias. Si existe competencia, al menos que sea leal.